Es necesario un cambio

Daniel Blanco

Ya ha cedido catorce puntos en catorce jornadas y la estela del Real Madrid se atisba lejana. Seis puntos de diferencia, todavía, evidentemente, salvables pero suficientes para crear un ambiente de crispación que, teniendo a Luis Enrique como entrenador, es muy complicado salvar. Porque el asturiano es la crispación personificada, el mal humor, la antipatía. Cuando terminó el clásico el pasado sábado al técnico le salió una frase que lo dice todo. "Sois ventajistas. Cuando nos marcan en el minuto 91 todo es malo. Si no hubieran marcado, todo sería bueno".

Y se equivoca de cabo a rabo el señor Martínez. Porque el Barcelona deambuló sobre el césped en la primera parte y sólo fue superior a su rival cuando salió Iniesta. Entonces y con Messi un poco por detrás fue el Barcelona superior unos 20 minutos, los suficientes para poder haber ganado el partido con tres ocasiones claras. Fue entonces cuando Busquets, abandonado a su suerte y sólo en el medio del campo durante el primer tiempo, se sintió más arropado porque el manchego y el astro argentino le ayudaban bastante. Es, con esa disposición en el campo, cuando sale a la luz una conclusión básica. El rompecabezas puede ser más complicado pero Busquets, que desde hace dos o tres meses no está para nada ni para nadie, ha de jugar más acompañado.

Se me ocurre, y no es la primera vez que lo pienso, ofrecer a Rakitic más recorrido, ponerle casi al nivel de Busi. Situar a Iniesta y a Messi como interiores, porque el argentino se siente ya más cómodo desde hace tiempo de mediocampista. Suarez y Neymar estarían delante como los únicos dos atacantes. Un 4-4-2 que dotaría de más seguridad y más campo abarcado a todos los jugadores.

Lo decidirá Luis Enrique con el paso del tiempo, de los partidos, pero es evidente que el Barcelona no ha tenido mala suerte nunca. Los días en los que se ha dejado puntos, fue porque no mereció más. Es simple. Y Luis Enrique sabe que el otro día no hicieron todo para ganar al Madrid. Que a pesar de eso sí que pudieron hacerlo pero en rueda de prensa exigimos reflexión, sobre todo a una pregunta de fútbol. Y sobre todo si eres el técnico del Barcelona, la persona a la que, junto a su homólogo en el Madrid y en dos o tres clubes más, se le tendrían que pedir más explicaciones.

Otra cosa es que Luis Enrique no quiera darlas, algo ya habitual. Con los títulos en mano era complicado cogerle, porque siempre salía por la vía más rápida. Iba ganando los partidos. Ahora es más fácil verle las costuras. Sin ser un desastre infame, al Barcelona le pasa algo. Y un poco de culpa la tiene el entrenador. Como la tenía, para bien, cuando ganó ocho títulos las últimas dos campañas. Esto es así. Para bien y para mal. No te enfades tanto y asume las cosas, chico, que no es tan complicado. Aunque, por tu estilo de siempre, dudo que lo vayas a hacer.

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