Vuelve Escocia: el olor y la tradición de un fútbol histórico

Dani Blanco

Quiso ajustar demasiado el lanzamiento Aleksandar Mitrovic. El jugador del Fulham apuntó a su derecha, al palo, pero David Marshall acertó en su estirada. El portero del Derby County inglés clasificaba, con la parada magistral, a Escocia a la Eurocopa, y estarán en verano en la gran competición, 25 años después de la última que pisaron, en Inglaterra en 1996, y 23 años más tarde de la última gran cita a la que asistieron, el Mundial de Francia de 1998.

Marshall miró a Mateu Lahoz y, como pidiendo explicaciones, tardó cinco segundos en reaccionar. La gesta era sublime, un país con tradición futbolística pero apartado de la élite en el último cuarto de siglo. Miró Marshall al colegiado español buscando la aprobación total. Confiaba en que no hubiera despegado uno de sus pies de la línea de gol. Cuando encontró el OK arbitral estalló en un júbilo feroz.

Ha sido una clasificación agónica, premio a la insistencia y a la creencia de que se podía hacer. Escocia ha pasado dos repescas en los penalties, ante Israel en octubre y el otro día en el Rajko Mitic de Belgrado, antiguo Pequeño Maracaná. Serbia tenía todas las oportunidades, es verdad que sin público, pero jugaba de local. Escocia creyó en los 240 minutos que ha durado este viaje express a la Euro. Y lo han conseguido.

Volverá a sonar el precioso The flower of Scotland, el himno nacional, considerado uno de los diez mejores en el mundo en una reciente votación entre aficionados de varias selecciones. Volverá Escocia a coincidir en un grupo con Inglaterra, su gran rival histórica, con quienes también coincidieron en 1996. Aquella tarde en Wembley Paul Gascoigne se inventó una jugada de escándalo para derrotar 2-0 a su rival. En ese torneo Escocia cayó eliminada con 4 puntos y después de empatar ante Holanda y ganar a Suiza, pero perder el average general con los neerlandeses.

La gesta que ha logrado Steve Clarke es mayúscula. Ningún jugador de su selección podría incluirse en un Top 11 europeo. Quizá, si hilamos fino, el lateral izquierdo Andrew Robertson. El jugador del Liverpool domina su banda en la Premier y es uno de los mejores en su puesto, pero es insuficiente si no cuentas con trabajo y tesón. Esa parte la han puesto sus compañeros de selección y la ha puesto Clarke, un entrenador desconocido hasta 2019, año en el que se hizo cargo del combinado nacional. El ex jugador del Chelsea había sido mayormente ayudante en su carrera hasta que el West Bromwich Albion le dio la oportunidad, con 49 años, de ser primer entrenador.

Tocó Clarke alguna tecla del equipo y empezó a defender con tres centrales, más carrileros largos, algo que es más cómodo por tener a Robertson en el lateral, un jugador que pisa línea de fondo. El 2019 había sido muy malo para  los escoceses y la repesca era la única opción de meterse en la Euro. Lo ha conseguido el técnico con sufrimiento pero ha merecido la pena.

En la mente de los aficionados escoceses pasarán los recuerdos fugaces. Las mentes de los más jóvenes recordarán los últimos años de travesía en el desierto, lejos siempre de luchar por un puesto en un torneo grande. Alguno más maduro recordará a Berti Vogts, el exseleccionador alemán que se atrevió a probar el reto de la selección británica. En 2004 cayeron ante Holanda en la repesca para la Euro, lo más cerca que han estado estos últimos años de acudir a una gran cita.

Ahora Escocia volverá a competir, sin muchas opciones, en la Eurocopa (Croacia, Inglaterra, República Checa en su grupo) pero el fútbol olerá de nuevo a tradición. A ese fútbol de los 70 y 80. Se recordará a figuras históricas. La Eurocopa nos volverá a reencontrar con una selección tradicional, con Gordon Strachan, con McCallister, con Kenny Dalglish, con Walter Smith. Y con Jock Stein mítico seleccionador escocés e ideólogo de un Celtic sublime a finales de los 60, campeón de Europa en 1967. A Jock se le paró el corazón un 10 de septiembre de 1985 en Pais de Gales, camino del Mundial de México. El verano de 2021 será especial por las calles. Vuelve ese fútbol de siempre. El fútbol que llevan en las venas.

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