Veinte años del recibimiento más hostil a Figo en Barcelona

Dani Blanco

De repente todo fueron salvajes en contra. Todo eran gritos, silbidos, unos decibelios que sobrepasaban lo habitual. A Luis Figo se le vino el mundo encima aquel 21 de octubre de hace ya 20 años. Volvía al Camp Nou tras una de los trasvases Barcelona-Madrid más polémicos de toda la historia. Ese verano la estrella azulgrana se vestía de blanco. Abandonaba a su novia de cinco años para comprometerse formalmente con el enemigo. Una traición muy difícil de olvidar.

Aquella noche de sábado el Barcelona venció 2-0. Luis Enrique y Simao marcaron los goles locales en un clásico que no fue vistoso. Pero lo de menos ese día fue el fútbol, la atención se centraba en el recibimiento más hostil que uno recuerda sobre el césped de un estadio. Figo estuvo físicamente en el partido pero mentalmente estaba fuera, lejos de aquel balón, traumatizado por una cuestión que sobrepasaba el deporte. Aquella sed de venganza de los aficionados traicionados en verano era insaciable. Nunca hubo nada igual.

El portugués apenas apareció en el juego, vio una amarilla, deambuló por el césped, todavía pensando, quizá, en si la jugada del verano le saldría bien en el futuro. Se demostró que el mejor Figo se vio en Barcelona pero en Madrid tampoco estuvo mal, fueron cinco años de buen fútbol. Muchos dicen que en 1995 llegó a Barcelona, y no les falta razón, un talento como pocas veces se había visto. Y que en Madrid, aún viendo un jugador notable, Figo estaba lejos de su nivel Top.

Cuentan los que vivieron aquel encuentro y, sobre todo, el banquillo blanco, que Del Bosque prefirió no sustituirle aunque el rendimiento no estaba siendo bueno porque aquello hubiera sido aún peor. Si las masas estaban enfrentadas frontalmente al portugués, qué hubiera pasado de abandonar el césped antes de tiempo, cuando ya los focos están en esa acción, en ese caminar lento cuando un futbolista se va y los insultos no paran de sonar.

Figo volvió más veces al Nou Camp pero no lo hizo hasta dos años después, en noviembre de 2002. Esa noche ha pasado también a la historia negra de nuestro fútbol. Al portugués le cayeron todo tipo de objetos cuando se dirigió a lanzar los córners, algo que no había hecho en la primera vuelta al estadio azulgrana. Billetes falsos, una botella de Whisky y hasta una cabeza de cochinillo, algo que está ya dentro del surrealismo futbolístico de nuestro país. Figo, estoico, hizo su trabajo, fue a la esquina siempre que se le requirió durante todo el partido, que terminó empate a cero.

Antes de ese, hubo dos encuentros importantes entre Barcelona y Real Madrid sin la presencia del jugador. Pero no fue porque se pudiera borrar del partido o por algo de temor. En marzo de 2002, con media liga en juego, el Madrid se presentó a jugar en el Camp Nou sin el portugués. Un mes antes en un encontronazo con su compatriota Deco, en un partido de Champions ante el Oporto, Figo se lesionó en el tobillo. Esa acción hizo peligrar la final de Copa que el Deportivo ganó en el Bernabeu, pero la jugó aún sabiendo que podía ser fatal. Y lo fue, en cierta manera. Al partido de Liga ya no llegó Luego, tras muchas semanas renqueante, el 23 de abril, en la ida de las semifinales de Champions ante el eterno rival, los médicos del equipo blanco hicieron todo lo posible para que Figo estuviera en el césped. Fue inútil. Sin embargo, el portugués jugó, forzando mucho, la final en Glasgow y llegó muy tocado al Mundial de Corea.

Se cumplen este 21 de octubre veinte años de aquella noche hostil. Y son muchos los que la siguen recordando como algo difícil de olvidar. Fernando Morientes dijo el otro día que no se le ocurría noche peor en la que ha jugado al fútbol que esa. La noche del recibimiento más terrible pero no la noche del cochinillo que, por circunstancias se vivió dos años después. La mente de muchos ha hecho unir eso dos conceptos cuando en realidad sucedieron un día distinto. Lo que no ha olvidado nadie ha sido ese verano de 2000. La mayor rivalidad del fútbol español, con un hombre de por medio. Una traición que sigue vigente.

A continuación