Pedri lidera a un resucitado Barça

Dani Blanco

Se frotan los ojos los aficionados culés. No dan crédito a la buena racha del equipo (16 de los últimos 18 puntos en Liga). Se tienen que pellizcar para creer que lo que están viendo es cierto, que no es producto de un mal sueño. El Barcelona está de vuelta y le queda mucho por hacer, pero la historia ha dado un giro de 180 grados.

Es evidente que en este cambio radical hay muchos factores que han tenido que ver. Uno es el técnico. Xavi Hernández, sin inventar nada fuera de lo normal, ha dado coherencia a este equipo, ha impuesto su estilo, que no tiene que ser precisamente el que tantas veces pregona en rueda de prensa. Es un estilo combinativo, sí, pero también directo cuando lo tiene que ser, con centros al área, con disparos lejanos, con juego vertical. Xavi ha conseguido 28 puntos desde que está en el cargo sobre 39 posibles y las cosas se ven muy distintas.

Es verdad que en el marcado invernal llegaron jugadores muy válidos para una situación como esta. Es verdad que Aubameyang, Ferran Torres y Adama no encajarían tan bien si se tratara de otra situación, muy agradable, tranquila y sin ningún problema deportivo. Pero es que llegaron para apagar un fuego que tenía visos de convertirse en un incendio imposible de apaciguar. Por eso se han consolidado como titulares, siendo descartes de los equipos de donde venían. Siendo buenos jugadores pero secundarios en otro contexto.

También es cierto que hay que poner en situación al lector. El Barcelona es cuarto, no ha hecho nada todavía pero venía del desierto y ha encontrado una cantimplora en el camino. Ha bebido, se ha oxigenado y ahora encara una recta final de Liga con un aire que no tenía hace mes y medio. La Europa League y los doce partidos de Liga que le quedan terminarán de concluir si la temporada ha merecido la pena después de tanto trasiego. De no conseguir los objetivos el bajón puede ser mayor.

Del partido ante el Athletic destacó Pedri, en la primera gran faena como jugador culé. En la primera puerta grande, la primera sesión en la que el jugador canario se ha asentado, se sintió protagonista y con sensaciones extraordinarias. Tiene control, tiene físico, calidad, visión de juego. Lejos, con 19 años, de compararse aún a las grandes estrellas mundiales, de hecho le hacen un flaco favor pero, por supuesto, estará cerca de todas ellas. Tiene carisma.

Estuvo bien Gavi, controló el partido Busquets, expeditivos Piqué y Araujo y estuvo bien Dembélé, que apagó todos los silbidos iniciales con un gol y un pase de gol. Salió con ambiente hostil, siendo plenamente consciente que hay que hacer mucho para agradar a los críticos aficionados que le están esperando. Pero está el francés en el camino. Como es un pedazo de jugador, se inventó un gol imposible, quiso la pelota, la pidió y se sacó de la chistera un buen pase a Memphis para el cuarto tanto. Todo en apenas veinte minutos de partido. Es un buen comienzo para empezar a hacer las paces con la afición, algo que conseguirá si sigue así de persistente.

El Barcelona volverá a jugar el domingo, lo hará en Elche. Y luego la eliminatoria ante el Galatasaray de Europa League, el Osasuna y su visita el 20 de marzo al Bernabéu. Antes del parón de selecciones a Xavi le puede cambiar la cara. Puede dar el golpe definitivo que le impedirá, con total seguridad, pelearle la Liga al Madrid. Pero pondrá los cimientos para un verano ilusionante.

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