La nada más absoluta

Dani Blanco

Cuando no queda ya nada por lo que quejarse, lágrimas que derramar, desaciertos a los que hacer frente, cuando no queda nada por lo que luchar, está la nada más absoluta. Y en ese punto está este destartalado Barcelona que hace ya tiempo que se encuentra a medio camino entre un equipo de fútbol y una marioneta, absolutamente sobrepasado por todo y por todos. Lo de Munich se veía venir, a nadie le cogió de sorpresa. Este equipo no le podía ganar a este Bayern, aunque el conjunto alemán sacara a su equipo C.

Este Barça no le mira de frente a nadie y en Europa a los que mirará ahora será a equipos menores, pero que son, muchos, mayores que los culés. Y ese es el drama auténtico. Jugar la segunda competición europea para, seguramente, no ganarla.

De reojo miraba Xavi a Lisboa. Allí, tierra donde últimamente el Barcelona perpetra atentados futbolísticos, estaba la esperanza. Que el Benfica no le ganara al Dinamo de Kiev y, entonces, con cualquier resultado en Alemania, el equipo entrara en octavos. Que no se yo si hubiera sido la solución, quizá era nadar más fuerte, más rápido para ni llegar a la orilla.

A lo que se agarraba el Barcelona en la noche tétrica de Baviera era a algo que no se sabe muy bien. Si era mejor pasar para ser destrozado por cualquier equipo en octavos. Si no era eso era sumar a su historial negro bajarse al barro de una competición europea endiablada. Optó desde el principio por ver la segunda opción porque a la élite europea tiene pinta de que no volverá en años.

Muchos dicen que Xavi es parte del fracaso. Opino que desde luego es el que está y es el que tiene que dar del do de pecho. Pero también es verdad que con un mes de tiempo tampoco está el técnico, que tampoco ha mejorado a Koeman, para muchos giros tácticos que cambien destinos futbolísticos. Pero es el que, es verdad, no ha ganado al Benfica en el Camp Nou, partido clave, y el que perdió ayer. Es el técnico que no ha marcado en dos partidos seguidos de Champions. Xavi tiene que estar dotado de más tiempo pero es parte del desaguisado de estas últimas semanas.

En estas nos encontramos con un batiburrillo al que no sabes muy bien por donde agarrarte. Eric ha desaparecido de las alineaciones hace dos semanas, Mingueza es un drama para este equipo juegue en la posición que juegue, los jóvenes están bien, Dembélé parece despertar pero Coutinho ha desaparecido como futbolista. A todo esto, los grandes capitanes en el campo (Busquets, Alba, Piqué) no dan el grito definitivo. No es el mejor panorama pero, como dijo Xavi al final del encuentro, esto es lo que empieza ahora en el mes de diciembre. La realidad es cruel.

Y en esas está el equipo antes de viajar a Pamplona, recibir al Elche, viajar a Sevilla, a la Supercopa y a hacerse a la idea de que este año será el más convulso de los últimos. Será el año que se recuerde, quizá, por no llegar al mínimo exigido, algo inaceptable para un club histórico.

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