El Barcelona se vuelve exuberante

Dani Blanco

Como quien no quiere la cosa, como esos factores extraños que suceden sin que lo esperes. Algo se movió en Nápoles en la noche de este jueves que salpicó de manera abrupta al mundo del fútbol. El Barcelona, acostumbrado este año a deambular por Europa, permitió con un partido exuberante que a sus aficionados les cambiara la cara por un momento, por una noche. Está este grupo para empezar a creer que la pesadilla ha quedado atrás y que, a partir de ahora, vendrán cosas buenas.

Tuvo el equipo de Xavi la misma eficacia que en Valencia el domingo pasado pero jugó hasta mejor. Porque creó más ocasiones de gol, presionó alto, fue a por el rival desde el principio y selló un pase a octavos de final meritorio. Ahora el Galatasaray será el rival el 10 y el 17 de marzo y nadie piensa, visto este rendimiento, que el equipo vaya a quedar eliminado.

Es cierto que no es de recibo perder la perspectiva de lo que está ocurriendo. El Barcelona está en la competición europea menor porque no dio la talla en la mayor. No aprobó en su día el examen final y se quedó a las puertas por primera vez en veinte años. La condena que tiene que cumplir es ésta, no estar entre los mejores, pero es una obligación dar la talla porque se supone que eres uno de los favoritos y aquí no te puedes despistar.

Es cierto también que desde hace un mes el cambio es evidente. Es un giro en los acontecimientos que poca gente barruntaba. El Barcelona hace cosas que hace tiempo no hacía y la idea de Xavi comienza a tener sentido. Una idea que no es esclava, aunque el técnico haya veces que se empeñe en decir que sí, de un estilo concreto. Es más, el bloque se aleja cada vez más del ADN clásico y opta por el contragolpe, por la presión fuerte, por más disparos a portería desde fuera del área, algo que en los últimos años no hacía y tiene una capacidad de sobreponerse muy alta. También defiende mejor, sólo hay que ver las ocasiones que le hacen últimamente al Barcelona, pocas comparado con otros tiempos no muy lejanos. Hay sensación que el grupo es más sobrio, que tiene más conciencia de que por atrás se empieza el trabajo duro, consistente.

Si hay una dosis de preocupación en el seno del equipo está en la portería. Es obvio que Ter Stegen no pasa por su mejor momento. Es más, quizá, esté en el peor de su época blaugrana desde que llegó en verano de 2014. Es un portero más, lejos de la élite europea que un día conquistó. Hay fallos en los últimos días que hacen daño a la vista.

Él restó importancia a esto el otro día en la rueda de prensa. Dijo Ter Stegen que es consciente de sus errores porque estudia todos sus partidos concienzudamente. Es verdad y no lo dudo porque es el trabajo que debe hacer todo profesional. Pero también es evidente que ni en Valencia ni ayer en el Diego Armando Maradona estuvo bien.

Ahora hasta el parón de selecciones quedan partidos en los que el Barcelona puede salir definitivamente del túnel. Lejos de la Liga, la cuarta plaza debe ser el objetivo. Y la Europa League que, eliminando al Nápoles, te presenta un futuro más claro a partir de ahora sabiendo que hay rivales que te pueden poner las cosas muy difíciles. Pero ahí está este Barcelona optando a un título, menor en todos los sentidos, pero el clavo al que se agarra en este año raro.

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