Unos datos (sin inercia) para el ministro Bolaños

Cristina Losada

Resulta que lo pactado no sirve para nada, ful de Estambul, porque de la Ley de Amnistía "no se cambia nada". Las declaraciones de Félix Bolaños, ministro de Presidencia y jefe del negociado de Memoria Democrática, antes Histórica, nos dejaron perplejos un instante. Fugaz. No cambia nada para que cambie todo, nos dijimos de inmediato. Pero vayamos a las explicaciones. Por delante puso el ministro a los historiadores, el gremio entero, unánime, sin una voz discordante, todos a una. Ese bloque pétreo sostiene, según parece, que el período que abarcan los crímenes del franquismo se extiende hasta 1982. Franco murió en noviembre de 1975. Pero los crímenes del muerto continuaron. O el no muerto, como creía Baltasar Garzón, que pidió el certificado de defunción hace un tiempo y con motivo: no supo en su momento que Franco estaba vivo, por eso no hizo nada contra el dictador en sus años juveniles.

El tema es la inercia. Hubo "alguna inercia de la dictadura", explicó Bolaños, y "alguna vulneración de derechos fundamentales a personas que intentaban consolidar la democracia", pero esa inercia desapareció exactamente en 1982. No en 1983 ni en 1984. No en 1996, cuando a ver si volvió la inercia con Aznar. Hasta hay quienes creen que no ha desaparecido: están entre sus aliados parlamentarios, que ven franquismo y franquistas por todas partes. Cierto que el período de la Transición puede datarse, políticamente, de 1976 a 1982, pero en materia de vulneraciones de derechos fundamentales o más directamente de crímenes –de eso estamos hablando– poner el límite en 1982 tiene una ventaja para el PSOE: excluye la guerra sucia. Los GAL: casi treinta asesinatos entre 1983 y 1987.

bolanos-marlaska-belarra-ministros-191121.jpgRosa Díez: "Cuando el golpe se perpetra desde las instituciones no hace falta sacar los tanques"

El proyecto, dijo Bolaños, es crear un comité de expertos que estudie vulneraciones de derechos a personas que intentaban consolidar la democracia. Hasta 1982. Está claro que no incluye a las víctimas del terrorismo de ETA. Pero el caso es que el terrorismo de ETA fue un torpedo contra la incipiente democracia, un deliberado ataque contra su consolidación. Entre 1976 y 1982 murieron en atentados casi 500 personas, de las que 340 fueron asesinadas por la ETA, 73 por otros grupos terroristas de izquierdas y 62 por grupos de ultraderecha o parapoliciales. Son datos del libro 1980. El terrorismo contra la Transición, coordinado por Gaizka Fernández Solevilla y María Jiménez. Además, según otras investigaciones, hubo 178 muertos por excesos policiales, de ellos unos treinta en manifestaciones. ¿Se van a investigar los crímenes cometidos esos años por grupos de ultraderecha y agentes policiales para dar reparación moral a las víctimas y se van a dejar sin investigar los crímenes de ETA que permanecen sin esclarecer?

En esa época en que Bolaños sólo ve la inercia de la dictadura resulta que hubo una ofensiva: la que lanzó la organización terrorista ETA contra la democracia española. La memoria es selectiva. Por eso hay que darle un último dato (sin inercia) al ministro: la Ley de Amnistía benefició a más de 1.200 miembros de ETA. De ellos, más de la mitad, 678, regresaron a la actividad terrorista. Remueves el pasado y salen trozos que no querías volver a ver.

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