¿Un traje viejo?

Cristina Losada

Como cada 6 de diciembre de los últimos años, en éste ha vuelto a salir al escenario el imberbe adanismo constitucional. Los cuarenta y tres que ha cumplido la Constitución no les parecen, a estos adanistas que ofician de algo en la política, una buena señal. Y buena señal es. También cuando se compara con lo que perduraron algunas de las Constituciones españolas. Pero no. Para el adanista, que es un ser que cree que todo empieza y ha de empezar con él, la del 78 no es más que una Constitución vieja. "Un traje viejo", dijo el diputado Jaume Asens.

Es verdad que, para un traje, cuarenta y tres años ya son años. No le voy a discutir el punto a Asens. Aunque yo lo llamaría una honorable madurez. La cuestión, sin embargo, es que hay trajes y trajes. Los hay que envejecen en una temporada y ya no se los puede uno poner. Y después están los clásicos, que tienen la rara cualidad de no envejecer. Una buena Constitución –y una buena Constitución no es ni puede ser perfecta, sólo es la menos imperfecta posible– es un traje de corte clásico que aguanta bien el paso del tiempo y que siempre se podrá combinar con elementos innovadores. También se puede retocar, pero conservando la esencia del modelo, lo cual no es precisamente el plan de nuestros adanistas de oficio.

El plan adanista no es la reforma, aunque alguno haga uso de ese término, porque las reformas saben a poco a los que desprecian la experiencia. Reformar lo ven como algo propio de conservadores y tienen razón en parte. No hay tablas rasas en la reforma. Hay tareas de renovación y mantenimiento. No se tira nada: se repara. Pero el adanismo no quiere reparar. Tampoco puede: no sabe cómo. Lo que quiere es tirar a la basura lo que le parece viejo y hacerse con algo nuevo. Y quiere, además o ante todo, una altísima cuota de protagonismo. Quiere sustituir en los libros de Historia a los viejos padres de la Constitución. Quiere su Constitución. O, como todo lo fragmentan, y lo primero que fragmentan es el sujeto de la soberanía, Constituciones, en plural de plurinacionalidad.

Puede que la Constitución sea un "traje viejo", como dice Asens, pero ha envejecido relativamente bien. Sus costuras han soportado el paso del tiempo. En contraste, y en otro orden de cosas, los que han envejecido mal y rápido son Podemos y sus franquicias. Tanto que están en hacerse un traje nuevo para intentar sobrevivir. Un nuevo traje que a lo mejor no es otro que el traje nuevo del emperador. De la emperadora, es decir.

A continuación