Un escándalo de narices

Cristina Losada

"¡Qué escándalo, aquí se juega!". Las palabras del capitán Renault en Casablanca, cuando cierra la timba del bar de Rick, al tiempo que recoge sus ganancias en el juego, son las que vienen pronunciando, y con la misma doblez, socialistas y podemitas a propósito de los candidatos propuestos por el PP al Constitucional. Qué sofoco, qué vergüenza y qué bochorno han desatado en los dos partidos del Gobierno los propuestos Enrique Arnaldo y Concepción Espejel. De no estar uno al cabo de la calle, creería que todos los candidatos al TC pactados por los partidos políticos a lo largo de los años fueron perfectamente independientes, completamente ajenos a los partidos y absolutamente desprovistos de cualquier inclinación ideológica hasta que llegaron Arnaldo y Espejel, dos monstruosas excepciones, según parece, en una intachable trayectoria de selección de miembros del intérprete supremo de la Constitución. Pero qué broma es ésta.

No es una broma, sino una treta política. Tiene ciertamente visos de chiste malo que el diputado Elorza, a quien le ha correspondido dirigir a la claque escandalosa, diga que muchos socialistas van a votar por los candidatos del PP con una pinza en la nariz. Porque votar los van a votar, a pesar de todos los escrúpulos que declaran, que son escrúpulos que ignoraban que tenían y que, sobre todo, ignorábamos que tuvieran. Los van a votar tanto los diputados que presumen de nariz sensible como los de nariz común, pero ahí quedará la deslegitimación expresa y preventiva de dos nuevos miembros del Constitucional, por lo que pueda pasar. Qué coincidencia que aparezcan los escrupulosos de las narices cuando más confrontación hay con el PP por la renovación clave, que es la del Poder Judicial.

Si tanto daño inflige a sus sensibles órganos olfativos que entren un Arnaldo o una Espejel en el TC, ¿por qué no rompen el pacto que han hecho con el PP? Ah, eso no, que no conviene perder las ventajas que se obtienen en el reparto del pastel. Pero han calculado que rasgarse las vestiduras y hacer aspavientos por la cercanía de ambos al PP –¡lo nunca visto!– también les resulta ventajoso. Dos de los cuatro nuevos miembros del TC quedan ya con el sambenito para toda la vida, lo cual no beneficia a la institución, pero sí a los partidos del Gobierno, que podrán seguir atribuyendo a maniobras peperas las sentencias del TC que les molesten. No es una ventaja menor, aunque sea transitoria.

La ventaja más jugosa, sin embargo, es singularizar en el Partido Popular el reproche de la politización. Un reproche extensible a todos los partidos que participan en estos repartos, quieren endosárselo a uno. La idea es que cuaje en la opinión que sólo el PP propone candidatos que llevan el carné partidario en la boca, mientras que el PSOE elige siempre a puros independientes sin tacha de politización. Lo dicho, hay que echarle narices.

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