Qué le pasó al PP

Cristina Losada

Una de las afirmaciones que circulan como verdades que ya no es preciso demostrar acaba de regresar estos días a cuenta de la Convención Nacional del Partido Popular, ese evento itinerante que se ha cerrado, como antaño, en la ciudad de Valencia. Dice esa afirmación, mil veces repetida y ahora una más, que la suerte electoral del PP se torció por una causa principal y prácticamente única que se llama corrupción. La tesis, si así puede llamarse, eleva a causa real lo que fue solamente la causa alegada por Sánchez para montar la moción de censura con la que echó abajo al Gobierno de Rajoy. Una sentencia judicial sirvió de pretexto a los socialistas, sí, pero no es cosa de confundir la propaganda con la realidad. La causa de fondo del retroceso del PP está en otra parte.

Para decirlo en corto, la causa está en el golpe separatista de octubre de 2017. El gol que le metieron al Gobierno Rajoy entonces fue de los que hacen historia. Hubo un amago en noviembre de 2014, con la consulta que hizo Artur Mas mediante triquiñuelas legales. No actuó esa primera vez Rajoy, y la inacción no le pasó factura de inmediato. Pero la segunda, que fue mucho más brutal y grave, la ausencia de toda acción, más allá del consabido recurso al TC, iba a dejar perfectamente maltrecha la credibilidad de aquel Gobierno. Para el electorado de un partido como el PP, la dejación de funciones frente al golpe separatista y la sensación de un Gobierno inerme ante el intento (anunciado) de romper la nación y el orden constitucional tenía la mayor relevancia. Y tenía consecuencias.

La prueba de que las tenía es que las tuvo. En realidad, ya hubo indicios previos. El partido Ciudadanos pudo hacerse un hueco a nivel nacional no sólo por sus críticas a las corruptelas del bipartidismo, sino ante todo por el desistimiento del PP frente al embate del separatismo catalán. Y con el declinar de Ciudadanos el relevo lo tomaría Vox, muy distinto a Cs en tantas cosas pero igualmente identificado con el rechazo frontal al separatismo. El campo de la derecha y el centroderecha se ha fragmentado en dos tiempos, en ambos casos con el mismo factor común. Ese factor no es la corrupción, como se dice y repite. La corrupción política se da por sentado que afecta a todos, y no es factor diferencial. Al PP le ha pasado factura que los separatistas le montaran delante de las narices, a cámara lenta, un golpe como el 1-O y se quedara literalmente pasmado.

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