Por la paz de Putin

Cristina Losada

La mitad podemita del Gobierno y prácticamente todos sus aliados parlamentarios han pedido, manifiesto mediante, que Ucrania no entre en la OTAN. Todos los partidos firmantes de la hoja quieren que ciertas regiones españolas tengan el derecho a decidir, pero a Ucrania, que es un Estado soberano, no le reconocen el derecho a decidir su entrada en una alianza como la del Atlántico Norte. "No tiene sentido", dicen, "que ahora la OTAN se extienda a Ucrania y Georgia por intereses de EEUU". ¿Y quiénes son estos nueve partidos para decir qué tiene o no tiene sentido para Ucrania o Georgia?

No está claro que la OTAN quiera que Ucrania ingrese en este momento, pero es evidente que si Ucrania se propone entrar es para evitar agresiones rusas como la que sufrió en 2014, cuando le quitaron Crimea por la cara, y, en general, para no ser rehén de las ambiciones imperiales de Putin. De ingresar en algún momento en la Alianza, Ucrania seguiría el camino abierto por los países bálticos y otros que estuvieron bajo el yugo soviético. En cuanto pudieron, solicitaron entrar en la OTAN. Tenían buenas razones, y no se equivocaron. Ucrania, en cambio, ha perdido una parte de su territorio y tiene una guerra alimentada por Rusia.

Los partidos del manifiesto (Podemos, IU, En Comú Podem, Alianza Verde, Bildu, CUP, BNG, Más País, Compromís) realizan esta intromisión en la soberanía de Ucrania entre parrafadas presuntamente pacifistas. En nombre de la paz dicen que hay que conceder a Putin lo que quiere. Porque eso es lo que significa rechazar el único procedimiento efectivo de disuasión que existe. A una potencia que en tiempos recientes ha usado la fuerza militar contra países de su entorno no se la disuade sólo en la mesa de la diplomacia. Hay que presentarle una visión convincente de los costes.

Los nueve firmantes no logran ocultar del todo su intención. Dejan traslucir que el agresor potencial son los Estados Unidos a través de la OTAN. No Rusia, en la que igual siguen viendo a la URSS de sus amores. El truco es tan viejo como la Guerra Fría, cuando proliferaron movimientos pacifistas apoyados por los soviéticos que decían exactamente lo mismo. Presentaban a Moscú como garante de la paz y a la OTAN como el instrumento de EEUU para la guerra. En Europa el cuento fue más difícil de contar cuando la URSS invadió Hungría y, sobre todo, cuando machacó con sus tanques la primavera de Praga.

El manifiesto "por la paz" es un manifiesto por la paz, sí, pero por la paz de Putin. Una paz que consiste en reconstruir, por la fuerza militar si es necesario, una esfera de influencia a costa de la independencia de países como Ucrania.

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