Ministra de la bruma

Cristina Losada

La inauguración del AVE entre Madrid y Orense ha deparado descubrimientos. Hemos descubierto que Galicia estaba aislada por la bruma, como el continente europeo visto desde las islas británicas, según el célebre dicho. Nuestro Canal de la Mancha cubierto de niebla lo ha visto la ministra de Transporte a través de Ramón María del Valle-Inclán, al que citaba en el concurrido acto inaugural. El empeño de ciertos políticos por mentar a escritores a los que sólo conocen de nombre es tan obstinado como el empeño que ponen en no leerlos. Pero, en fin, esto dijo Raquel Sánchez, antes alcaldesa de Gavà (Barcelona), sobre la llegada de la alta velocidad a Orense:

Lo que significa es que la Galicia aislada y brumosa que describía Valle-Inclán hoy, por fin, es historia.

Valle era un literato, no un geógrafo, por lo que sería mejor no hablar de descripciones en sentido estricto. Tampoco en el figurado. Damos por hecho que le gustaban las brumas, igual que le gustaban tanto la vida rural y apartada como la vida bohemia capitalina. Porque a pesar del aislamiento que dice la ministra, Valle se trasladó a Madrid, donde se hizo un autor de renombre. En todo caso, el escritor vivió entre 1866 y 1936, y desde aquel entonces el panorama de las comunicaciones y el transporte ha cambiado de forma notable en todas partes. Sin embargo, nadie hizo saber a la ministra que esos adelantos también habían llegado a Galicia. Nadie informó a la ministra de que en Galicia ya había carreteras, autovías, autopistas, aeropuertos y puertos. Incluso cierta civilización. Se confirma que cada vez llegan a los Gobiernos más personas que no conocen España.

Algo que faltaba, sí, era la alta velocidad ferroviaria. No voy yo a menospreciar las dificultades y retos de la obra, que han sido inmensos, aunque tampoco es cuestión de justificar el retraso. Pero hay que decir que no está completa. Es notorio, por ejemplo, que no llega de forma directa a una ciudad de la relevancia de Vigo, una de las más pobladas y con mayor empuje económico de la región. Y conviene recordar, ya que vamos de hitos históricos, el año para el que un ministro de Transportes del Gobierno prometió que habría alta velocidad entre Galicia y Madrid: 1993. El ministro era Abel Caballero, hoy alcalde de Vigo, que ahora tiene que hacer ver que en el ministerio no han guardado en el fondo de un cajón el plan de llevar el AVE a la ciudad.

El presidente Sánchez incurrió en lo del aislamiento de esta remota y primitiva región, y en la jactancia de que se acaba de romper gracias a su Gobierno. Pero fue la ministra la que cubrió la inauguración de merengue sentimental. La obra, dijo, sirve "para fortalecer los afectos mutuos", y "por fin nos sentimos vecinos y no primos lejanos". Vamos, que no se ha inaugurado un tren de alta velocidad, sino un túnel del amor. Lo suyo sería encomiar la descomunal obra de ingeniería realizada, pero no pueden resistir la tentación de la cursilería. En cuanto a las sugerentes brumas y nieblas de Galicia, hay que informar a la ministra de que con el AVE no se quitan.

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