Los socialistas y la ciudad fantasma

Cristina Losada

El presidente del Gobierno compareció ante la prensa tras el último Consejo de Ministros para informar, así se anunció, del plan de vacunación. Visto lo que dijo y lo que no, poco o nada hubo de información. Lo que hubo, en cambio, fue un mensaje al votante madrileño.

Los dos anuncios que hizo Sánchez, aunque aparentemente inocuos y uno de ellos ya manido, pintan un horizonte optimista. Un horizonte que se ofrece como señuelo a ese votante madrileño al que le ha parecido bien el intento de Ayuso de contener el virus causando los menores daños posibles a la economía, los derechos y la vida social.

A dicho votante, Sánchez le vino a decir que si quiere seguir viviendo con menos restricciones, abriendo su negocio y manteniendo su empleo, no hace falta que vote a Ayuso, porque el 9 de mayo acabará el estado de alarma y, después de unos pocos meses, gracias a la vacunación masiva, se podrá casi, casi, hacer vida normal. De modo que después de la película socialista  Apocalipsis en Madrid por culpa de Ayuso, tantos meses en cartel, llega la cinta La salvación está a la vuelta de la esquina, de la misma autoría. 

La buena nueva llega para tranquilizar a todos aquellos que no quieren el cierre total, el confinamiento generalizado, las restricciones más severas y el resto del pack de gestión de la epidemia que ha preconizado la izquierda en confrontación con la política de la presidenta madrileña. El mensaje de Sánchez, en definitiva, fue que la garantía de una vida económica y social próxima a la normalidad en Madrid ya no es Ayuso, puesto que sin ella ese objetivo se conseguirá igualmente. Más aún, que ya está ahí, a tiro de piedra.

Los socialistas continuarán tachando de espantosa la gestión de su oponente, pero no han tenido más remedio que complementar sus admoniciones contra la tolerancia vigente en Madrid con el trampantojo de una inminente liberación de las restricciones. Y eso es un reconocimiento implícito de la popularidad de la política de Ayuso ante la epidemia. Incluso el candidato Gabilondo, que hace poco parecía a punto de exclamar que no había que confundir la libertad con el libertinaje que regía en Madrid, ha terminado aclarando que no cerraría la hostelería a cal y canto. 

Esta mínima concesión al estado de opinión en Madrid tiene, no obstante, un problema de credibilidad. Los socialistas y el resto de la izquierda se han esforzado en demostrar que sólo conocen y sólo les gusta una manera de hacer frente el virus. Aplicada al entorno urbano es, por así decir, una manera polpotiana. El modelo de su gestión de la epidemia viene a ser la ciudad fantasma

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