Los poderes ocultos de Sánchez

Cristina Losada

Cuando a un Gobierno le van mal las cosas puede rectificar su política o puede atrincherarse armado con una teoría de la conspiración. No son las únicas opciones. Puede continuar como si nada, sin cambiar una coma, pero manteniendo la honestidad intelectual de no culpar a otros de su impotencia, su incapacidad o su pérdida de imagen. Pero la vía por la que ha optado el presidente Sánchez no parece esta última. Tampoco la rectificación. El aviso que le han dado las elecciones andaluzas ha sonado fuerte y amenazante, y el relato que fabrica el Gobierno sobre sí mismo, su anuncio publicitario, por así decir, ha pasado de súbito del género bucólico al gótico.

Ahora ya no estamos en el mejor de los mundos posibles sonriendo felices comiendo perdices, sino bajo el ataque encubierto de una mano negra que se organiza y reproduce en los sótanos y oscuras callejuelas de Gotham. Aunque tal vez sea el poder oscuro de Mordor lo que ha despertado y fabrica manadas de orcos, cobijado en viscosas tinieblas, para acabar con este Gobierno de luz. Cuál es exactamente el mapa de la conjura que denuncia Sánchez no se sabe ni se sabrá. Los poderes ocultos están, por definición, ocultos, y que lo estén es una gran ventaja para el que alude a ellos como fuente de sus problemas. Ocultos y oscuros, los dos calificativos ha usado Sánchez, y como son oscuros y están ocultos no tiene por qué decir más. El presidente sabe que existen y actúan. Ya está.

Lo oculto tiene su público y el público al que se dirige el Gobierno es sensible a la noción de que hay poderes que el ojo no ve pero son los que realmente mueven el mundo. Y quiere el cuento que sean más poderosos cuanto menos visibles. Hace años, el gran tema oculto era la agenda oculta del Partido Popular. Aquello le dio al PSOE para encarar campañas y precampañas. Como ahora, lo oculto daba el toque siniestro y maléfico. Si está oculto es que no puede ser bueno.

Los socialistas no son los únicos que recurren al poder de lo oculto cuando hay que tocar a rebato. Pero no se refería a eso Sánchez cuando dijo que no estaba descubriendo América. No está claro a qué se refería, pero es verdad que no estaba descubriendo nada. Y debería tener cuidado de no descubrir, un día de estos, los Protocolos de los Sabios de Sión, aquel librito que revelaba otro poder oculto e inmenso, nada menos que una conspiración judía para dominar el mundo, que tanto éxito tuvo en el fomento del antisemitismo en el siglo pasado, y que era una falsificación de la policía zarista.

Revel puso en la primera línea de El conocimiento inútil, capítulo titulado "La resistencia a la información", que "la primera de todas las fuerzas que dirigen el mundo es la mentira". No es probable que en el Gobierno hayan leído a Revel, pero sus estrategas de comunicación están dispuestos a demostrar que el francés tenía razón.

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