¿La naturaleza habla?

Cristina Losada

La situación en la isla de La Palma, bajo el volcán, se ha vuelto mucho más peligrosa para sus habitantes y para la vida en general. Ese aumento exponencial del peligro lo muestran los recorridos destructivos de los ríos de lava y las evacuaciones crecientes de población; y lo demuestra, aunque no es prueba científica, que se haya dejado de decir, al referirse a la erupción, que "la naturaleza habla".

Esa es la fórmula, la muletilla, la frase hecha con la que se ha sellado y despachado la información sobre el volcán en las primeras fases de la erupción. En los medios audiovisuales, los menos dispuestos a presentar los hechos tal cual, sin sentimentalizaciones, filosofías de baratillo y moralejas, no había informe semanal ni reportaje que no abriera o cerrara con la sentencia: la naturaleza habla. Habla y, por tanto, nos dice algo. Y si nos dice algo es que la erupción, a través de la que habla, tiene sentido.

Los únicos que hablan, sin embargo, son los que dicen que la naturaleza habla por la boca de un volcán, y que, sin saberlo, dan voz a primitivas creencias animistas o, sabiéndolo, a lo más parecido que tenemos hoy, que son las creencias ecologistas. Hay un conservacionismo racional, que lógicamente no quiere acabar con el ser humano, pero debe reconocerse que ha tenido mucho más éxito y difusión el ecologismo como religión sustitutiva, con sus cruzadas contra la humanidad en nombre de la naturaleza.

En realidad, son dos las muletillas, porque hay otra: "Un fenómeno natural imparable". No se puede hacer nada, ésa es la traducción. Normal que digan que no se puede hacer nada los mismos que dicen que la naturaleza habla. Pero el hombre, como decíamos antes de que nos reprimiera el feminismo, ha hecho muchas cosas para evitar los daños que causan fenómenos naturales. El lenguaje del hombre, por seguir con lo del habla, se ha forjado en disputa con las volcánicas charlas de la naturaleza. Volcánicas, marinas, terrestres, celestes y tantas otras. Sin olvidar nuestra propia naturaleza. Son fenómenos naturales imparables el envejecimiento y las enfermedades y procuramos detenerlos o erradicarlos. Estamos parando ahora mismo a un virus imparable.

En asunto de erupciones, por volver al hilo, la cuestión es que sí se ha intentado, en algunas ocasiones, y en lugares como Italia y Hawai, reconducir la lava para que no se llevara por delante tales o cuales núcleos de población. Cosa distinta es que los intentos valgan la pena. Pero hay alternativas a dejar fluir, sin hacer nada, el lenguaje destructivo de la naturaleza. Aquí no sabemos que se hayan tomado siquiera en consideración. A medida que la lava se extiende, avanza y sepulta ha dejado de decirse que la naturaleza habla. Demasiados daños ha causado como para seguir diciendo la memez. El problema es que hay quienes deberían hablar y no hablan con suficiente claridad y crudeza de lo que se ve venir: la evacuación total.

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