La leyenda del liderazgo femenino

Cristina Losada

En el ala izquierda se va mucho de luchar contra los estereotipos, pero siempre es una lucha contra los ajenos, nunca contra los propios. La vicepresidenta Yolanda Díaz acaba de proporcionar una demostración al decir que el líder del PP "no entiende el potencial que tenemos las mujeres". Se ve que no se ha parado a pensar un minuto. ¿Cómo no va a entender Casado el potencial de las mujeres si tiene en el partido a Isabel Díaz Ayuso? Cosa distinta es que lo vea con preocupación, pero entender, lo entiende perfectamente. Por eso, porque lo entiende, le inquieta. Y no es ninguna excepción. A cualquier dirigente político le alarma que aparezca otro que posea el potencial de eclipsarlo. Ocurre siempre, en todas partes, ya sean líderes o lideresas los implicados.

La propia Díaz y sus compañeras de la reunión valenciana excluyeron de su evento a dos notables dirigentes podemitas, como Montero y Belarra. ¿Por qué? ¿Qué hay del potencial de las excluidas? Lo que hay es que su potencial es incompatible con el de las que se reunieron. Por un cálculo político sobre qué conviene más al proyecto que tiene Díaz en mente, resulta que dos dirigentes, dos mujeres que se dedican a la política en el mismo espacio e incluso en el mismo partido, no fueron invitadas a sumarse al acto. Vamos, que las cuatro hermanas en sororidad han hecho la misma cerdada que hubieran hecho, en su lugar, unos hombres.

Circulan muchas leyendas sobre el liderazgo femenino en política. Se postula que despliega unas cualidades distintivas que sólo emanan de las mujeres y en ningún caso del sexo opuesto. Se pregona que hombres y mujeres ejercen de forma muy diferente el liderazgo y que esas diferencias no proceden de la personalidad individual, sino que están indeleblemente inscritas en el sexo con el que nace cada uno. Todo eso sirve de relleno a discursos para adular a las mujeres, pero si vamos a la experiencia y a la práctica, la leyenda tiende, como todas, a desvanecerse.

El estereotipo que asocia a la izquierda con la promoción del liderazgo femenino y a la derecha con su menosprecio se desvanece igualmente. Las dos jefas de Gobierno más importantes que ha tenido Europa en las últimas cuatro décadas son conservadoras: Thatcher y Merkel. En ese período ha habido más mujeres al frente de Gobiernos, sí, pero en países de menor influencia que el Reino Unido y Alemania. En el foro europeo y en el global, la socialdemocracia y la izquierda no pueden presentar líderes equivalentes a las dos políticas conservadoras. Y si venimos a España, veremos que hubo más ministras en los Gobiernos de José María Aznar que en los de su predecesor Felipe González, todo ello en una época en que los Gobiernos paritarios no eran cuasi obligatorios y el nombramiento de mujeres no se asociaba a cuotas.

El problema de Casado es que entiende el potencial de Ayuso y lo teme. El problema de Díaz es que para desarrollar su potencial tiene que anular a dos mujeres que mandan en Podemos. El camino del poder iguala, de un modo extraordinario, las conductas de hombres y mujeres.

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