La guerra de Podemos contra los jueces

Cristina Losada

Pronto hará un año. Entonces, en la sesión de investidura del candidato Sánchez, su socio de Gobierno, ya erigido en vicepresidente, avisó de la gran conjura. “El próximo Gobierno”, dijo, “tendrá muchos enemigos”. Todos pusimos la oreja. A ver cómo era, esta vez, el contubernio judeomasónico. Tampoco tenía que inventarse nada. Ya disponía de sospechosos habituales, espantajos tantas veces agitados en mítines y tertulias. Y, en efecto, volvieron a aparecer: los poderes económicos y los medios de comunicación, que ofician de brazo de los primeros en el universo conspiranoico podemita. Incluyó, no obstante, un enemigo más: los jueces de “ideología reaccionaria”. Como pronto se vería, eran prácticamente todos.

Sólo desde un Gobierno que pretende vulnerar la ley se puede proclamar, así de entrada, que sus enemigos son los jueces. Sólo con ese intento o intentona en mente puede decirse que quienes aplican la ley van a estar entre los principales enemigos de tal Gobierno. Y eso se hizo aquí. Con plena deliberación. Hace un año, Iglesias declaró formalmente la guerra que ahora está librando contra el poder judicial. No sólo contra la independencia de su órgano de gobierno, el CGPJ, que esa ya era entonces una batalla perdida. No sólo para conseguir un poder judicial más sumiso al poder político de turno. Eso también, pero lo han hecho todos.

Para entender de qué va esto hay que remontarse a la mentalidad que dominaba en los reductos de la extrema izquierda en los años de Transición. Y es que, cuatro décadas después, pervive. Siempre pervivió en sectores marginales, pero ahora están en el Gobierno o en su área de servicio quienes dicen que el aparato del Estado, y lo dicen señalando a la Justicia, es un nido de franquistas. Cuarenta años de democracia, por lo visto, han pasado en balde. La noción es tan inverosímil que no vamos a suponer que Iglesias y sus socios se creen su propia propaganda. Lo significativo es que lo dicen.

Y quiénes. La alineación incluye a los socios menos recomendables del Gobierno, empezando por el que está dentro. Todos acaban de salir en tromba contra la decisión del Supremo de repetir el juicio a Otegi. Todos con idénticas acusaciones, las mismas que ha hecho el hombre de paz, quien después de afirmar que el Supremo ha querido fastidiarle los Presupuestos al Gobierno, dijo que los va a apoyar, como estaba previsto. ¡Menuda conjura la del Supremo, entonces! Pero Rufián, de Esquerra, la ha visto. La ha visto en los restaurantes. Habrá restricciones a la hostelería por la pandemia, pero hay “togas y sables susurrándose” en los reservados con sensurround de los que Rufíán tiene directa experiencia o noticia.

Bildu, Esquerra y Podemos. El trío. Y para el cuarteto, Eguiguren, del partido socialista: “Partes de la Justicia están en guerra con el Gobierno”. Sólo hay que darle la vuelta para aproximarse a la realidad: partes del Gobierno están en guerra con la Justicia. Con estos amigos, Sánchez, quién necesita enemigos.

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