Golpe y farsa de Puigdemont

Cristina Losada

La Audiencia territorial de Schleswig-Holstein no enmienda: mantiene y aumenta su error. La decisión de no extraditar a Puigdemont ni por rebelión ni por sedición sino sólo por malversación se funda en los mismos errores de raciocinio que la primera que tomó. Considera el referéndum ilegal del 1 de octubre como un hecho aislado. No tiene en cuenta un proceso que incluyó la aprobación de leyes para separar a Cataluña de España, la convocatoria de la votación para decidir la separación, la desobediencia de mandatos judiciales, la llamada a la movilización y a la resistencia tumultuaria para impedir que los mandatos de los jueces se cumplieran, las órdenes a la Policía autonómica para entorpecer a las Fuerzas de Seguridad del Estado enviadas para hacerlos cumplir y la proclamación de una República catalana independiente.

Entre otras cosas, que hubo más. Pero toda esa cadena de hechos la vuelven a ignorar los jueces de Schleswig-Holstein y reducen un golpe contra el orden constitucional y la integridad territorial de un Estado a la sola cuestión del grado de violencia que se dio en una jornada. Ese grado lo siguen viendo insuficiente o inadecuado. Persisten en alegar que para el tipo penal de la alta traición, el equivalente alemán de rebelión, la violencia ha de ser capaz de doblegar al Estado. ¿Tendrán un medidor de violencia y otro medidor de la resistencia del Estado para saber quién puede ganar el pulso? Espero que los tengan y que estén finamente ajustados. De lo contrario, corren en Alemania el riesgo de que la alta traición sólo sea delito cuando quienes lo cometan salgan victoriosos, y entonces, claro, ya no será delito.

El criterio sobre el grado de violencia procede de una sentencia del Tribunal Federal de Justicia alemán, de 1983, relativa al bloqueo por unos ecologistas del aeropuerto de Frankfurt, ocurrido dos años antes. Ese es el precedente que han manejado los jueces regionales para dirimir lo de Puigdemont. Para ellos, la ocupación de un aeropuerto con el fin de exigir que un Gobierno regional paralizara la ampliación de una pista es tan similar al procés que suministra los criterios para valorar los actos de rebelión que realizaron los separatistas catalanes. Los de Schleswig-Holstein también piensan, por lo visto, que la capacidad de coacción de un grupo de manifestantes es igual que la que puede ejercer un Gobierno regional con una fuerza policial armada a su servicio. Vaya vista.

No. La decisión de la Audiencia alemana no deja en ridículo al Supremo español. Son los argumentos de esos magistrados los que resultan ridículos. Aterradoramente ridículos. Al punto de que, en su primera decisión, ponían negro sobre blanco que los actos destinados a separar a Cataluña de España realizados por Puigdemont y el resto no serían delito en Alemania. ¡Menos mal que los separatistas bávaros no son más que cuatro gatos! Menos mal que no hay ningún Land con un Gobierno lo suficientemente perturbado como para lanzar un asalto a la democracia. Menos mal que en Alemania no hay más golpistas reputados que el propio Puigdemont. Hay racistas, sí, pero no están en condiciones de hacer lo que han hecho los racistas en Cataluña.

El cabecilla golpista salió al balcón de Twitter después de la decisión judicial para decir que habían "derrotado la principal mentira sostenida por el Estado". Ya les gustaría, pero no es así. Los jueces alemanes, cito de la nota de prensa que ofrece un resumen de la resolución, dicen que lo del 1 de octubre "no alcanzó el grado requerido de violencia porque no podía conducir a una secesión inmediata de España y tenía el único propósito, por parte de Puigdemont, de iniciar nuevas negociaciones". Dejemos aparte los errores en el razonamiento o en la exposición del razonamiento. Dejemos al margen esa caída en la elucubración política, tan fuera de lugar, impropia y errada. Dejemos a un lado que estos jueces abandonan ahí la claridad de los hechos para entrar en la niebla de las intenciones y prácticamente en la adivinación.

En su literalidad, lo que está diciendo la resolución judicial alemana es que el referéndum de 1 de octubre fue una mentira. Que, en contra de lo que decían y proclamaban los independentistas, no iban a hacer efectiva la separación de España. Que sólo estaban haciendo un teatro-circo para conseguir nuevas negociaciones. Que mintieron como bellacos cuando proclamaron la República independiente de su casa. Y que siguen mintiendo, por tanto, cuando dicen que ya se autodeterminaron el 1 de octubre. Los jueces alemanes han tomado su decisión de no extraditar a Puigdemont por rebelión en el convencimiento de que aquella rebelión fue una gran mentira. Una auténtica farsa. Una coña marinera. Y lo fue. Fue una farsa y fue un golpe. Fue un golpe de farsantes. Pero golpe fue.

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