El ‘milagro’ griego frente al coronavirus

Cristina Losada

Hay que encontrar tiempo para echar un vistazo a lo que ocurre en Grecia. Tiempo, sí. A los confinados que seguimos bien nos falta tiempo para tratar de informarnos. Esta vez no por afición ni por profesión, sino por pura supervivencia. En el proceso, tenemos que aprender cosas que ignorábamos, escuchar a científicos que hasta ayer nos eran desconocidos, valorar la experiencia de otros países y ver qué hicieron bien unos y qué hicieron mal otros. Es en este punto donde el caso griego debe llamar la atención. Porque Grecia, contramodelo en la crisis de deuda de la Eurozona, con un sistema sanitario más precario que el nuestro, con un flujo de refugiados notable, con todos los pronósticos a simple vista en contra, ha sido capaz de contener de un modo extraordinario el impacto del coronavirus entre su población.

Para hacerse una idea. Cuando escribo, el número oficial de muertes por covid-19 por millón de habitantes en España se eleva aproximadamente a 279. En Italia, a 273. En Grecia, a 8. Ocho. Su baja mortalidad, igual que su bajo número de contagios, no se explican porque Grecia tenga una población mucho más joven. Su porcentaje de mayores de 65 años es superior al nuestro. No muy superior, pero superior. Italia es de los tres países el más envejecido. Comparando España con Grecia, la variable de la edad pone a los griegos en la franja de más riesgo. Sin embargo, ahí están los datos. Pese a partir con peores condiciones, en Grecia hay proporcionalmente muchos menos fallecimientos y contagios que en España e Italia. O lo atribuimos al puro azar o hay que suponer que su estrategia frente el virus fue mejor. ¿Puede ser que los datos no respondan a la realidad, que no sean del todo fiables? Puede ser, pero tampoco son cien por cien fiables los nuestros.

Las diferencias entre la actuación del Gobierno griego y la de los de Italia y España quedan gráficamente a la vista en un cuadro del politólogo Takis Pappas. En el cuadro se ve el número de días que transcurrieron, en cada uno de los tres países, entre el primer caso confirmado y el primer fallecimiento y cuatro medidas restrictivas adoptadas: las que afectaron a escuelas, eventos masivos, establecimientos no esenciales y el cierre total. Italia y España tardaron alrededor de treinta días en decretar el cierre total desde que se produjo la primera muerte por covid-19. Grecia tardó once. Y aún actuó con más rapidez para cerrar escuelas y universidades y prohibir actos multitudinarios: cero días. Porque lo hizo antes de que se produjera la primera muerte, con un número de contagios que no había llegado al centenar.

El contraste entre España e Italia, de un lado, y Grecia, del otro, es tan grande que habría margen para que, en el cuadro y el cálculo, hubiera algún error. El autor extrae una lección política de sus datos: el tipo de Gobierno importa. Dice: en Grecia no hay Gobiernos regionales ni autonómicos; no hay una coalición gubernamental inmersa en luchas intestinas; no hay tampoco partidos en el Gobierno que, como Podemos, tienden a oponerse a la tecnocracia y al criterio de los expertos. Incluyamos otro factor: el Gobierno griego era seguramente muy consciente de la fragilidad de su sistema sanitario, mientras los de España e Italia tenían exceso de confianza en la capacidad de los suyos: "La mejor sanidad pública del mundo". Pero prescindamos de la interpretación política. La secuencia de los hechos habla por sí misma. El Gobierno griego actuó con celeridad, anticipándose. Los Gobiernos italiano y español fueron siempre detrás de la espiral descontrolada de la epidemia. Ya que, por el momento, no tenemos más remedio que aplicar la medicina medieval, que es como califica el confinamiento total el científico estadounidense John P. A. Ioannidis, por lo menos, aplicarla cuanto antes. Preventivamente. Es cuando funciona.

Las grandes cadenas televisivas presentan estos días imágenes del caos que cunde por ahí, en otros países. Algunas mostraron los cadáveres en bolsas que se acumulaban en un hospital neoyorquino. Con las imágenes similares de nuestro país parecen ser mucho más respetuosas, porque no salen a la luz. Y está bien que no salgan, pero por qué las de otros. Será, qué sé yo, parte de la terapia de grupo en marcha, para que veamos cuánto mejor estamos aquí si comparamos. Pero hay un país cercano, europeo, por el que nadie suele dar un duro, como Grecia, que echa abajo esa comparativa sesgada, según la cual todo el mundo está igual o peor y actuó con el mismo retraso porque nadie podía saber. En Grecia, alguien supo. Recordemos los datos. Grecia, 8 muertes por millón de habitantes. España, 279. Ah, Estados Unidos, 32. PD: No hay que fiarse de las imágenes.

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