De 'sologripistas' a 'soloconfinadores'

Cristina Losada

Hace un año no se podía saber. Esta fue la coartada cuando se supo. Sin embargo, antes de escudarse en la coartada, lo sabían absolutamente todo. Sabían que el coronavirus sólo provocaba una gripe cualquiera. Sabían que su letalidad no era preocupante. Y sabían que era irresponsable, alarmista y amarillista sugerir lo contrario. Tan seguros estaban de ese saber suyo que lo difundieron en declaraciones, vídeos, artículos en la prensa, intervenciones en programas televisivos y mensajes en Twitter.

Una panorámica de aquel festín del saber –un saber de procedencia ignota– la daba aquí Fernández Barbadillo hace unos días. Entre aquellos sabios venerables había tertulianos, actores y actrices, directores de programas de televisión, comunicadores de fama, catedráticos y políticos. Fernando Simón figura en lugar de honor entre los sabios pronosticadores. Quien quiera mayor detalle puede acudir, si está en Twitter, a la cuenta Sólo una Gripe Normal (@SoloGripismo). Es un ejercicio necesario si uno ha visto ciertos reportajes que estos días se emiten, a modo de retrospectiva, sobre cómo se reaccionó al coronavirus, hace doce meses, en España y en Europa.

Winston Smith, el prota de 1984, ha estado haciendo horas extras de nuevo para que el pasado se adapte a la línea del Partido. El borrado del saber oficialista de entonces es prácticamente total en los medios oficiales. En su mutilada hemeroteca, nadie dijo nunca en España que la covid-19 era una gripe de tantas. Contarán que eso lo dijo Bolsonaro (“hablaba de una gripecita”, recordarán), pero de los Bolsonaros españoles, ni palabra. Y aún se acuerdan menos de que se denunciaba violentamente a quien sostuviera que había motivos para la alarma. Hay un tuit de Pablo Echenique que ejemplifica el ánimo acusador y, como es de los pocos que no cayó en el borrado, aquí va:

Aplausos para Milá, otro sabio del momento. Ninguno de aquellos eruditos ha rectificado en público. El borrado de tuits no cuenta. Pero, claro, ¿por qué iban a rectificar? En realidad, estaban en la misma posición que están ahora: en la del Partido. Partido en sentido amplio: en la ortodoxia. La que emana del poder político al que pretenden servir. La que se difunde como única posición respetable. La que parece que cuenta con la aprobación mayoritaria del público. Nunca navegan sin apoyos poderosos. Jamás a contracorriente. Pero la cuestión más interesante ya no es esta servidumbre voluntaria. El gran tema es cómo los sologripistas de hace un año se convirtieron, de la noche a la mañana, en los defensores más fieros del confinamiento más estricto. ¿Cómo se pasa del sologripismo al soloconfinamiento?

El hecho es que de denunciar a los alarmistas pasaron a denunciar, y con la misma violencia, a quienes no cerraran todo a cal y canto y metieran a todo el mundo en casa. El hecho es que de negar la gravedad de la epidemia, y hasta la posibilidad de la epidemia, pasaron a acusar de negacionista a cualquier crítico del confinamiento como único remedio. ¡Los negacionistas de primera hora, acusando de negacionistas a otros! Cosas veredes. La conversión de los sologripistas es asombrosa, sí, pero el secreto es el mismo de antes: su actitud no ha cambiado. Lo único que saben hacer, lo único que les gusta hacer, es ejercer el control y el poder, aun en modo vicario. Nadie espere de ese perfil la búsqueda de información, el impulso de la curiosidad o la cautela de la duda. Ni están por eso ni se les tiene para eso. Ahí siguen, sentenciando qué hay que hacer y qué no hay que hacer contra la epidemia, los que hace un año decían que no había que hacer nada. Sin rectificar y con la misma infinita ignorancia.

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