A cinco minutos de tumbar al Gobierno

Cristina Losada

El primer round de los Presupuestos ha tenido el aire de un tango. Y de un tongo. Lo único difícil era decidir quién fingía más. Esquerra y el PNV se esforzaron en hacer ver que le perdonaban la vida al Gobierno sólo temporalmente. Filtraron incluso que habían estado en un tris de presentar enmiendas a la totalidad y ponerle muy difícil a Sánchez su continuidad en La Moncloa. Y el Gobierno, cómo no, siguió el guión, dijo que tenía claro que este primer apoyo no era un cheque en blanco, hizo votos de humildad y prometió sudar la camiseta y no lavarla nunca jamás.

La más teatral, como suele, fue la Esquerra. Habían estado, dijeron, a cinco minutos, exactamente cinco, cronometrados, de montarla con una enmienda a la totalidad. Y no por el empeño en conseguir una república independiente que dure más de los ocho segundos - cronometrados - que duró la que proclamaron en 2017, sino para que Netflix ponga más películas en catalán. Como Esquerra tumbó al primer Gobierno de Sánchez en los Presupuestos, nadie puede estar seguro de que no vaya a tumbarlo por una cuota de doblaje de Netflix o cualquier otra reivindicación de trascendencia similar. La impredecibilidad y la irracionalidad como armas políticas.

Hay, sin embargo, razones para pensar lo contrario. 2021 no es 2019, eso está claro. Las encuestas vienen registrando la posibilidad de que el Partido Popular y Vox logren mayoría en el Congreso. Los sondeos, como suele decirse, son foto fija, y de aquí a las elecciones, todos calvos. La tendencia, no obstante, alerta de que hay peligro para la coalición gobernante, y en consecuencia también para muchos de sus socios parlamentarios. El PNV se las arregla igual con el PP que con el PSOE: siempre saca algo. Pero, ¿Esquerra? ¿Y Bildu? Tensar la cuerda con Sánchez y cía está a su alcance, ¿pero van a romperla?

Lejos de la impresión que han querido dar de que la pelea por los Presupuestos va en serio y que el ritual de las exigencias y las cesiones es una prueba de fuego, las condiciones políticas indican que los socios parlamentarios de Sánchez tienen ahora el mismo interés en provocar elecciones anticipadas que el propio Sánchez: ninguno. Claro que esos socios tienen igualmente el mayor interés en sacar el máximo provecho de la situación y ordeñar al Gobierno todo lo que puedan. Los dos intereses van en direcciones opuestas y, sobre el papel, tenderán a compensarse. Si la coalición que sostiene a Sánchez teme a las elecciones más que a un nublado, el Gobierno sobrevivirá. Pero, si alguno de los socios pierde el miedo, ya se sabe. Pasará lo que acaba de suceder en Portugal. El Gobierno socialista en minoría ha caído por la falta de apoyo de sus dos aliados de izquierda a los Presupuestos. Habrá elecciones anticipadas.

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