Rajoy decide

Cayetano González

Javier Fernández, presidente de la gestora creada en el PSOE a raíz de la dimisión de Pedro Sánchez, ha dicho en una deslavazada rueda de prensa celebrada este lunes en Ferraz: "Ahora mismo, cualquier solución al problema de la gobernabilidad de España pasa por el PSOE", en clara referencia a si su partido mantendrá el no a Rajoy que Sánchez defendió con tanto ahínco o si, por el contrario, girará a la abstención y facilitará de esa manera la investidura del candidato del PP.

Me temo que la capacidad de análisis de Javier Fernández –persona por otro lado seria, muy respetada dentro y fuera del PSOE– se ha visto dañada por el espectáculo tan bochornoso y lamentable protagonizado por el Comité Federal de su partido este sábado, porque en estos momentos quien tiene de verdad toda la capacidad de decisión no es otro que Rajoy. Si hasta la caída y dimisión de Sánchez se podría mantener esa aseveración del asturiano, a partir del sábado el panorama ha cambiado de una forma sustancial.

Rajoy tendrá que decidir –quizás ya lo tenga decidido– si acepta o no un posible nuevo encargo del Rey para someterse a la investidura, siempre en el supuesto de que el PSOE decida abstenerse. Si los socialistas se mantienen en el no, habrá terceras elecciones y punto. Si giran a la abstención, el candidato del PP siempre podrá argüir, a su manera y en términos coloquiales: "A buenas horas, mangas verdes"; porque, so capa de pedir y no conseguir una mayor implicación y compromiso del PSOE en la gobernabilidad, lo que en el fondo podría estar acariciando es que en unas terceras elecciones su partido suba hasta el entorno de los 160 escaños y el PSOE, como consecuencia del estado agónico en el que ha quedado tras la batalla campal de Ferraz, se hunda a los 70 o incluso menos. Total, que, con el apoyo de Ciudadanos, Rajoy seguiría en la Moncloa y los socialistas en el fondo del pozo.

De puertas afuera, los diversos portavoces monclovitas y genoveses mantendrán el discurso de que a España lo que le interesa es tener un Gobierno cuanto antes y no unas terceras elecciones. Eso es así, pero llegados a este punto uno se podría plantear, sin ningún tipo de malicia, si esperar tres o cuatro meses más después de haber estado un año sin Gobierno es realmente tan determinante, sobre todo si por el camino arrasas, electoralmente hablando, a quien es tu principal adversario político.

Pero en manos de Rajoy está algo más que decidir si quiere ser presidente del Gobierno en octubre o a finales del próximo mes de enero. Resulta evidente que la situación en la que se encuentra el PSOE y, sobre todo, el tiempo que va a tardar en recomponerse son propicios para que el centro-derecha acometa su imprescindible regeneración tanto de ideas como de personas, para volver a ser un proyecto político ilusionante para muchos millones de españoles.

El PP tiene un horizonte de permanencia en el poder de bastantes años como consecuencia del estado agónico del PSOE. Rajoy debería empezar a preparar con tiempo y de forma ordenada su sucesión, que obviamente no tendría que ser inmediata, pero sí en un plazo razonable, de dos o tres años. Candidatos hay, no tiene más que mirar a su tierra natal. Tendría que aprovechar el ya necesario congreso de su partido para renovar ideas, estructuras y dar paso a una generación que, por lógica de vida, tiene que tomar ya el relevo, no sólo del propio Rajoy, sino de veteranos que llevan bastantes años en el machito o de jóvenes que han demostrado con creces su incompetencia para estar en puestos de mando de un partido que tiene muchos y muy buenos militantes y que ha llegado a tener once millones de votantes.

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