La mentira sobre el final de ETA y las palabras de Otegi

Cayetano González

Habrá que prepararse de aquí al miércoles –día en que se cumplirán diez años desde que ETA anunció que dejaba de asesinar– para asistir y digerir la ingente campaña de propaganda oficial que incidirá en dos mensajes: ETA fue derrotada por el Estado de Derecho y, evidentemente, ese final fue gracias a Zapatero –con el difunto Rubalcaba en la sala de máquinas– y a su proceso de negociación política con la banda, que empezó incluso antes de llegar a la Presidencia del Gobierno. El aperitivo de esta campaña consistió en el publirreportaje que Luis Rodríguez Aizpeolea escribió este domingo en El País con el expresidente como interlocutor.

¿Ha sido ETA totalmente derrotada? Esa es la pregunta que ninguno de los palmeros del PSOE y de Zapatero –los había también en el PP rajoyista– toleran que pueda ser planteada siquiera. Los que mantienen que la banda terrorista ya no existe no tienen en cuenta –unos por ignorancia supina, otros para que no se les venga abajo la posición– que ETA nació en 1959 como un proyecto político para destruir España. La excusa fue enfrentarse en aquel entonces al régimen franquista, pero hete aquí que, muerto Franco, ETA siguió matando, y lo hizo porque en realidad su enemigo no era el franquismo, sino España y el régimen democrático que trajo la Constitución de 1978.

ETA, por tanto, era y es mucho más que una banda terrorista. Era y es un proyecto político totalitario que durante más de cincuenta años utilizó la violencia para conseguir sus fines políticos. ETA ya no mata –lo cual es, obviamente, un alivio para sus potenciales víctimas–, pero su proyecto político está más fuerte que nunca: es la segunda fuerza política en el País Vasco; apoya al Gobierno presidido por la socialista Chivite en Navarra; tiene cinco diputados en el Congreso y, sobre todo, es considerado un interlocutor válido, un partido más, por el Gobierno social-comunista de Sánchez. ETA, su heredero político Bildu, así como ERC y el PSOE son los actores principales del proceso pilotado por el actual inquilino de la Moncloa que tiene como objetivo principal la demolición del régimen constitucional del 78.

Que la parte operativa de ETA fue derrotada es una obviedad. Ya lo estaba cuando, en 2004, Zapatero llegó a la Moncloa. En lugar de perseverar en esa línea de asfixiar a la banda terrorista con la ley y con la acción tan eficaz de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, optó por entablar un proceso de diálogo político con los terroristas, lo que proporcionó a estos el aire que no tenían. Ese proceso de Zapatero retrasó varios años el final, amén de suponer una humillación y una afrenta para las víctimas del terrorismo y por ende para gran parte de la sociedad española. Esa es la verdad, aunque no la digan ni Agamenón ni su porquero, en este caso el periodista Rodríguez Aizpeolea.

A esta campaña de blanqueo de ETA pilotada por el Gobierno de Sánchez se ha sumado este lunes el líder de Bildu, Arnaldo Otegi, con unas declaraciones que a los biempensantes les pueden haber desconcertado. Dirigiéndose a las víctimas del terrorismo de ETA, Otegi ha dicho: "Sentimos enormemente su sufrimiento. Eso nunca debió ocurrir". Como bien ha subrayado el presidente de Voces contra el Terrorismo, Francisco José Alcaraz, "es como si Hitler hubiera pedido perdón a sus víctimas".

Hagamos la prueba del nueve a Otegi para testar su sinceridad. ¿Está dispuesto el líder de Bildu a reconocer que, durante los últimos cincuenta años, no ha habido dos bandos enfrentados en el País Vasco, sino un grupo terrorista que mataba –los verdugos– y 857 personas que fueron asesinadas –las víctimas– por ser españoles? ¿Está dispuesto Otegi a decir alto y claro que la violencia nunca se puede utilizar como instrumento para conseguir fines políticos como hizo ETA? ¿Está dispuesto a pedir a sus conmilitones que colaboren con la Justicia para esclarecer los más de 300 asesinatos de ETA que están todavía por resolver?

La denominada izquierda abertzale, de la que ahora es líder Arnaldo Otegi, no puede ser es un referente de nada ni de nadie. Todo lo contrario que las víctimas del terrorismo, los auténticos héroes de nuestro tiempo, que siempre estarán en la memoria de los españoles de bien y que deberían ocupar el lugar principal en la historia de España del siglo XX y del actual.

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