La deslealtad del PNV

Cayetano González

El próximo viernes se celebrará el 41º aniversario de la aprobación en referéndum de la Constitución. Una Constitución que todas las fuerzas de la izquierda, con el PSOE de Sánchez a la cabeza, los independentistas catalanes, los nacionalistas vascos –PNV y Bildu– y los gallegos del BNG quieren cargarse por la vía de los hechos y dar paso a una segunda transición, en la que seguramente sobraría también la Monarquía.

En el caso del partido fundado por Sabino Arana y presidido en la actualidad por Andoni Ortuzar, la deslealtad hacia la Constitución viene de lejos, concretamente desde antes de su aprobación. El PNV pidió la abstención en el referéndum de 1978 a pesar de que en la elaboración del texto constitucional se introdujo, a través de la Disposición Adicional Primera, algo sagrado para los nacionalistas vascos: el respeto y la actualización de los denominados derechos históricos de Álava, Vizcaya y Guipúzcoa.

El PNV, que ha estado estos últimos años un tanto agazapado, a la espera de cómo acababa el desafío secesionista lanzado al Estado desde Cataluña, vuelve a asomar la patita y ha presentado este lunes en el Parlamento vasco un texto para un nuevo estatuto en el que se solicita explícitamente el derecho a decidir y se considera –faltaría más– a Euskadi como una nación.

En esta aventura, de momento, le acompañan –quién se lo iba a decir a los primeros próceres del PNV, personas "de orden" de toda la vida– los de Podemos, aunque la compañía que en el fondo más desean sus bases es la de EH-Bildu, porque ya se sabe que lo que más anhelan es que el hijo pródigo vuelva a la casa del padre de la que un día se fue no sólo para derrochar la herencia recibida, sino para apoyar la violencia terrorista de ETA, que causó 857 víctimas, miles de heridos y el abandono del País Vasco de decenas de miles de personas, por mor del clima irrespirable que produjo el terrorismo de ETA y el nacionalismo obligatorio del PNV.

El PNV ha sido un partido profundamente desleal con la democracia española. En la Transición, la UCD de Suárez le facilitó todo el poder posible en el País Vasco, a cambio de dos cosas: que se implicara en la lucha contra ETA y que fuera un partido leal al marco jurídico y constitucional. Ya han transcurrido los suficientes años para poder decir que no cumplieron ni una cosa ni la otra. En la lucha contra ETA, el PNV no apoyó ninguna de las medidas –legales, políticas– que desde los diversos Gobiernos se fueron tomando para combatir a la banda terrorista. Muy al contrario, su actitud fue siempre, como mínimo, la de poner palos en las ruedas.

En la actualidad, observando la debilidad que transmite el Estado ante la situación en Cataluña, y olfateando también debilidad en el Gobierno que pretende formar Sánchez para, entre otros objetivos, cargarse la Constitución, el PNV quiere sacar tajada y cree que ha llegado el momento de volver a subir su apuesta soberanista. En las formas, lo hará de una manera diferente, no tan burda como hace quince años con el denominado Plan Ibarretxe, pero el fondo no cambiará: relación bilateral con el Estado, derecho a decidir y reconocimiento de Euskadi como nación.

En cuanto a Navarra –otra vieja aspiración del nacionalismo vasco y de ETA–, el PNV piensa que, como el PSOE le está haciendo el trabajo sucio al frente del Gobierno regional, gracias al apoyo de Bildu, es solo cuestión de tiempo, de mucho adoctrinamiento educativo, cultural, pilotado desde las instituciones, que la Comunidad Foral caiga como fruta madura y pase a formar parte de esa Arcadia feliz que soñó el fundador del partido, Sabino Arana Goiri.

A continuación