Hay que seguir

Cayetano González

Todos los medios de la izquierda han querido vender en estas horas, al más puro estilo agitprop, que hubo pinchazo en la concentración de este domingo en la Plaza de Colón de Madrid, ya que habrían acudido menos personas de las previstas por los convocantes. Esos medios se agarran como un clavo ardiendo a la cifra de 45.000 asistentes dada por la sucursal que instaló el inefable Tezanos en la Delegación del Gobierno. Sólo una simple contemplación de los videos y fotos tomadas desde las alturas basta para refutar esa burda mentira. Pero es igual. ¿Qué más da que hubiera 100.000, 150.000 o 200.000 personas? En cualquier caso, había muchas, manifestándose contra la política suicida de Sánchez en Cataluña y orgullosas de portar la bandera de España, entre ellas el histórico exmiembro del PSOE y exministro del Interior José Luis Corcuera.

Lo importante es lo que va a pasar a partir de Colón. En las últimas horas, Moncloa ha filtrado que Sánchez está planteándose adelantar las elecciones al mes de abril, y más concretamente al domingo 14, fecha que, seguro, como diría el presidente cántabro, Miguel Ángel Revilla, le pone. ¿Puede ser un globo sonda para meter presión a los partidos independentistas catalanes en las horas previas a que se voten en el Congreso las enmiendas a la totalidad de los Presupuestos? Puede ser. Pero tendría su sentido que, ante el temor de sufrir un descalabro en las elecciones europeas, municipales y autonómicas del 26 de mayo, Sánchez opte por jugarse todo a una carta adelantando las generales y convirtiéndolas en un plebiscito sobre su persona y sobre el frente popular-populista-independentista que le llevó a la Moncloa.

Convoque o no Sánchez en fechas próximas las generales, el reto que tiene por delante esa parte importante de la sociedad española que estuvo el domingo en Colón, o se adhirió desde la distancia, es el de no cansarse y tener muy claro que el momento que está viviendo la Nación es crucial. No son momentos para flaquear. Este martes se inicia en el Tribunal Supremo el juicio más importante de nuestra historia reciente. Se sentarán en el banquillo políticos catalanes y dirigentes de entidades pseudociviles que intentaron hace diecisiete meses subvertir, desde el Parlamento de Cataluña y desde la calle, el orden constitucional. El simple hecho de la celebración de este juicio pone de relieve que el Estado de Derecho funciona y que tiene mecanismos para defenderse de los ataques que pueda sufrir.

Las próximas elecciones, sean estas en el orden que sean, constituirán la gran oportunidad para echar a Sánchez del poder, porque ha sido, en cerrada competencia con Zapatero –culpable de muchos de los males que ahora estamos viviendo– el peor presidente de la historia reciente de España.

Es cierto que el centro-derecha se presentará troceado en tres a esas citas electorales. Y serán las urnas quienes determinen la fortaleza de cada una de esas opciones y a quién le corresponde el liderazgo en ese espacio del espectro político. Pero lo que parece evidente es que serán necesarios los pactos entre PP, Ciudadanos y Vox para echar del poder, allí donde ahora gobiernan, al PSOE de Sánchez y a los populistas de Podemos. A día de hoy, a quien más incómodo se le nota con esta tesitura es al partido de Rivera. El numerito en la tribuna de Colón para evitar hacerse la foto con Abascal, o el trato que han dispensado a Vox en las negociaciones en Andalucía, no hacen presagiar nada bueno, pero allá ellos. Sí sería exigible a Ciudadanos que aclarase antes de las elecciones si descarta o no pactar en algún sitio con el PSOE actual, con el PSOE de Sánchez, con ese PSOE contra el que se manifestaron el domingo en Madrid miles de personas, también las que votan al partido naranja.

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