Yoko Ono es el choque de trenes

Carmelo Jordá

El procés ha dado un golpe sobre la mesa casi definitivo con la incorporación a la causa de un panel de intelectuales internacionales de la talla de Yoko Ono, Cantona, el plasta-cineasta Ken Loach, Silvio Rodríguez o, ay, mi querido y admirado Peter Gabriel.

Solemos pensar que cuando alguien es muy competente en determinada actividad artística o intelectual es porque es muy inteligente y, por tanto, sus opiniones políticas tendrán una especial validez y deben movernos a la reflexión o algo. La realidad, sin embargo, se empeña en demostrarnos que se pueden hacer grandes discos, novelas, películas o cuadros siendo un perfecto imbécil a la hora de adentrarse en otros ámbitos y, sobre todo, de pensar o hacer política. O peor aún: se puede ser un genio del arte y también un malvado.

Entre los primeros recuerdo por ejemplo el caso de Sebastiao Salgado, el maravilloso fotógrafo, que en una charla sobre un proyecto de reforestación que ha puesto en marcha decía, literalmente, que "en España ya no quedan árboles", una frase bastante ridícula incluso como hipérbole cuando hablas de un país cuya superficie forestal se ha doblado en el último siglo.

De los segundos, los malvados, tenemos un ejemplo glorioso en el propio mensaje de los listos por el procés: el ínclito Silvio Rodríguez, que pide que voten los catalanes. Lástima que nadie le haya dicho que en las últimas cuatro décadas en Cataluña se ha votado varias decenas de veces más que en Cuba, y lástima que los pobres cubanos no encuentren intelectuales que les escriban tan lindos manifiestos.

Pero entre los tontos y los malvados descuella singularmente el nombre de Yoko Ono: a partir de ahora el gran mascarón de proa del procés es, sin duda, la loquesea –¿a qué coño se dedica esta mujer?– japonesa. Porque si la idea de que Llach vuelva a cantar ya resultaba amenazante, la posibilidad de un dueto con la viuda de John Lennon se presenta como el verdadero choque de trenes contra nuestros sufridos y españoles tímpanos.

No Carles, Oriol, Artur, antes de eso os damos la independencia, la cartera, el alma… y lo que haga falta.

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