Torquemaditas

Carmelo Jordá

Que Hacienda y sus esbirros se comporten como piratas a la hora de saquearnos tanto como les permitan las leyes y un poquito más tiene cierta lógica: no sólo su modelo de negocio se basa en ello, sino que además hay organizado todo un sistema de bonos y beneficios para los perros de presa de la Agencia Tributaria y, sobre todo, una garantía de impunidad absoluta que no sólo permite sino que alienta llevar a cabo cualquier disparate que sirva para aumentar la recaudación.

Lo que ya no es tan fácil de entender, al menos a priori, son las mesnadas de torquemaditas de tres al cuarto que jalean el saqueo del Fisco y, como inquisidores de baratillo, cada vez que tienen una oportunidad se lanzan al cuello del prójimo como la turba que perseguía a las brujas en Salem.

Da lo mismo que para iniciar la cacería haya que saltarse las más básicas normas de la decencia y también alguna que otra ley, que ahora resulta que es peor guardar el currículum de un becario que publicar a toda página una declaración de hacienda; da lo mismo que los perseguidos hayan hecho o no algo ilegal; da lo mismo, por supuesto, que lo que cualquier ciudadano normal desea es pagar los menos impuestos posibles siempre dentro de la legalidad, sobre todo cuando vemos cómo se (mal)gasta nuestro dinero.

Esta misma semana se ha decretado una nueva cacería que, como suele ser habitual, está capitaneada por los periódicos, radios y televisiones que nos dan día sí y día también lecciones morales y periodísticas que jamás se nos habría ocurrido pedirles. Gente, por no decir gentuza, que se cree imbuida de la sagrada misión de hacer el trabajo sucio al poder, de ponernos a todos bajo los pies de los políticos. Tipejos que presumen de estar muy concienciados, pero que en realidad siempre trabajan para hacernos a todos más pobres y menos libres, mientras ellos se enriquecen a la sombra del dinero público y los privilegios.

Ellos piensan que son lo más selecto de la sociedad: la élite capacitada para decirnos lo que está bien y lo que está mal, pero en realidad nada les diferencia de la turba que se lanzaba enloquecida al linchamiento o de los espectadores de un auto de fe.

Es la nueva fe laica, que ha heredado los peores vicios de las épocas más oscuras de las verdaderas religiones –el fanatismo, la intolerancia, la tendencia al pogromo de la masa enfurecida…– y, encima, ninguna de sus virtudes: se les va toda la fuerza persiguiendo a los disidentes y los infieles y no tienen tiempo para las obras de caridad, los hospitales o los colegios.

Tengan cuidado con estos torquemaditas y, sobre todo, no se sientan seguros en el anonimato o la relativa pobreza de sus finanzas si las comparan con las de los señalados, porque lo principal de todo este montaje no es castigar a Guardiola o a Vargas Llosa: lo esencial es crear el ambiente perfecto para saquearle a usted.

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