Televisión detritus

Carmelo Jordá

Hace años se acuñó la expresión televisión basura para aludir a ciertos programas que habían dado un paso más allá en la falta de pudor inherente al medio televisivo. Hoy día, sinceramente, creo que esa definición se queda corta para algunas cosas de las cosas que vemos en las pantallas.

No obstante, lo peor no es que se haga televisión basura, que me puede gustar más o menos pero no deja de ser, a su modo, un género de entretenimiento. Lo peor es cuando la basura se sale de su ámbito natural e invade aquello de lo que tendría que estar alejado.

Y de hecho, a mí las vicisitudes de una pandilla de freaks en una isla o en una casa me interesan menos que nada, y las peleas a gritos de unos pelagatos en un plató me generan un rechazo casi físico, pero la gente sabe a qué atenerse al respecto y, al fin y al cabo, nadie le hace demasiado caso al tema, más allá de la risa del momento y el uso, normalmente de sólo unos meses, de los personajes protagonistas.

Lo verdaderamente nauseabundo es aquello que quiere venderse como información, los programas que presumen de hacer periodismo y que están al pie de la presunta noticia. Lo que se hace con determinadas muertes, por ejemplo, el espectáculo paralelo en algunos juicios, las ficciones sobre casos de desaparecidos que inverosímilmente se mantienen con vida, las reconstrucciones de delitos cuya emisión tiene que prohibir un juez…

Y eso sin entrar a opinar de telediarios que compran todos los bulos progres o en los que después de media hora hablando de Fidel Castro no se ha oído la palabra dictador, tal y como hizo cierta televisión pública cuando se murió el sátrapa.

Soy de los que creen que en esa época dorada del periodismo de antes de internet de la que tanto se oye hablar, el dorado era, como mucho, de latón; que fake news ha habido siempre y que las relaciones inconfesables de medios y periodistas con políticos o empresarios eran más fáciles antes, cuando había muchos menos periódicos y televisiones, que ahora, aunque sólo sea por el efecto de la sana competencia.

Pero, además, si de verdad ha habido una degradación del periodismo en los últimos años –algo que, insisto, es cuestionable, que aquella portada de "el mundo en vilo" se hizo cuando internet estaba en pañales– no ha sido por los medios en internet, ni por la televisión basura. Ha sido por la televisión detritus, que encima suele ir por ahí dando clases de periodismo.

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