Sí a la guerra, ahora

Carmelo Jordá

De repente a todo el mundo le preocupan las mujeres afganas. No hay conciencia concienciada de Occidente que no sufra por el calvario que van a volver a atravesar de la mano –y el AK47– de los talibán y surge una "profunda preocupación" por el destino de los refugiados y, sobre todo, de las refugiadas.

Los ánimos están sobrecogidos, los corazones rotos, no hay quien no se sienta muy responsable y las llamadas a la acción son constantes. Eso sí, todo esto ocurre en Twitter y, como mucho, en alguna propuesta de resolución, más allá no hay nada.

Es nuestra querida izquierda biempensante y abajofirmante, que tras la nueva caída de Afganistán bajo el yugo de los talibán se ha lanzado con denuedo a la tarea más importante para ellos: tranquilizar su propia conciencia. Y para hacerlo se eleva el tono en los tuits, se buscan frases lo más compungidas posible y se afirma que todo está ya preparado para acoger a los refugiados, con ciudades y comunidades autónomas compitiendo por aparecer como las más solidarios, las que mayor carga asumirán, las que paguen más generosamente esa nueva "deuda con las mujeres afganas".

Es nuestra querida izquierda pacifista y antiamericana, que está descubriendo, sólo dos décadas y media tarde, que los talibán no son únicamente una cultura diferente cuyas tradiciones deben ser respetadas. Sí, es un ligero retraso, cierto, pero eso no le impide exigir que se actúe con rapidez y que se creen los corredores humanitarios que permitan a los pobres afganos, y sobre todo a las afganas, huir de la teocracia salvaje y asesina.

Eso sí, no busquen una declaración, un tuit o una mísera frase sobre quién va a crear esos corredores humanitarios porque no la encontrarán; no esperen que junto con las llamadas urgentes a la acción alguien les explique cuántas vidas costaría evitar la tragedia que se avecina, ni mucho menos quién pagaría ese precio.

Piden, y lo saben pero no lo dicen, acciones militares, critican la retirada cuando antes criticaron el despliegue, quieren que siga la guerra los que salieron a la calle a acabar con la guerra y con todas las guerras, que son muy malas. Sí, los mismos que recetaban diálogo y multilateralidad con los talibán ahora posturean su consternación en las redes y se aprestan para la batalla.

Han esperado a que la guerra acabase para proclamar el sí a la guerra y, por supuesto, se presentan limpios de polvo y paja en una derrota que no va con ellos. Como si no hubieran estado promoviéndola desde el primer día. Como si no fuesen mucho más culpables de la debilidad de Occidente que los propios talibanes.

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