Meloni y la izquierda de 'El exorcista'

Carmelo Jordá

Cuando salgamos de los funerales públicos, cuando las plañideras dejen de verter ríos de lágrimas por Italia y cuando las montañas de ceniza ya no caigan sobre nuestras cabezas, igual a través del humo vemos una Italia en la que todo sigue más o menos igual, lo que por cierto tampoco será necesariamente una buena noticia para un país que lleva años en una crisis para la que no acaba de encontrar remedio.

No tengo nada claro que Meloni y los suyos vayan a ser una solución para todos esos problemas que tiene Italia como tenemos en otros países de Europa, pero lo que sí es cierto es que los italianos, que fueron los primeros de destrozar a los viejos partidos políticos que después han sido barridos en otros sitios, ya lo han intentado prácticamente todo y ahí siguen el caos político, la deuda pública disparada y las clases medias perdiendo poder adquisitivo y calidad de vida.

Eso sí: aunque está aún por ver que tenga las soluciones, Meloni representa –y de ahí su contundente victoria, con siete puntos de ventaja respecto al segundo y multiplicando por cinco su resultado anterior– la contestación a una serie de recetas que cada vez está más claro que no es que no funcionen, es que son la parte más importante del problema.

Ante los ojos espantados de una izquierda tan soberbia que se ha llegado a creer que sus opiniones y políticas eran dogmas infalibles –y de una parte de la derecha que como tal los ha aceptado– Italia le ha dado una amplísima mayoría a un gobierno que, previsiblemente, no va a comulgar con las ruedas de molino del disparate climático, no va a perseverar en la disparatada política energética que nos ha puesto el gas, la luz y la gasolina por las nubes y, en suma, no va a santificar el tocomocho siniestro de la Agenda 2030.

El éxito de Meloni dependerá de muchos factores y no es el menor de ellos que Italia, como España, ha avanzado tanto en el camino del desastre que igual ni siquiera es posible una marcha atrás que no suponga un cataclismo fenomenal. Tampoco estoy seguro de que, tal y como nos ha pasado ya en otras ocasiones, la propia Meloni esté a la altura del reto, que es enorme.

Pero en cualquier caso, esa aparición de una política diferente en un país importante de la UE que, además, está tan cerca de nosotros en muchos sentidos, promete ser un fenómeno interesante y, sobre todo, regalarnos un espectáculo fascinante: el de la izquierda comportándose poco menos que como la niña de El exorcista en cuanto alguien que se atreve a plantar cara a sus dogmas llega al poder. Ya veremos qué pasa con Italia, si es que al final pasa algo, pero por el momento pasen y disfruten del show: miren qué graciosos gritando y echando espumarajos por la boca, pobrecicos.

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