La decepción Ábalos

Carmelo Jordá

Los periodistas nos pasamos el día opinando, analizando, tratando de leer lo que hay detrás de la mera fachada de los hechos y las personas. Es un trabajo prácticamente a tiempo completo y no les diré que los siete días de las 52 semanas del año, pero sí que les prometo que muchos días de muchísimas semanas.

Les cuento esto no para quejarme, que al fin y al cabo soy yo el que ha elegido esta bendita profesión, sino para que entiendan ustedes que es imposible no equivocarte alguna vez, incluso cuando actúas, analizas o evalúas con la mejor de las intenciones y todo el entendimiento que hayan dado la naturaleza o la experiencia.

A veces los periodistas nos equivocamos y no sólo no pasa nada sino que es bueno reconocerlo: yo, por ejemplo, me equivoqué al juzgar a José Luis Ábalos en sus primeros momentos en la política nacional. Me engañó él y puede que también me confundiese la comparación con sus compañeros en la dirección del PSOE, el caso es que me pareció un político bastante serio.

Y, obviamente, no lo es. Ni siquiera tengo claro que sea eficaz en este país en el que la verdad ya está tan desprestigiada que si un día pillan a un ministro diciendo algo que no sea falso igual lo destituyen. No, Ábalos miente con soltura y se traga sables del tamaño de la Gran Berta, pero ni él mismo se cree sus trolas.

Quizá sea porque su estilo chulesco, malencarado y rufianesco –no me lo tome a mal, don Gabriel, que no va con usted– no combina bien con el equilibrismo de los hechos y los conceptos que practica; quizá porque no se puede decir hoy blanco y mañana negro día tras día y semana tras semana; quizá porque las palabras se pueden estirar y moldear, pero sólo hasta cierto punto y un hombre sólo –¡ni siquiera uno como Ábalos!– no puede evitar que su significado sea el que es, al igual que las cosas son lo que son.

O puede, simplemente, que está tan seguro de que puede hacer o decir lo que le venga en gana que cada día se prepare menos sus propias trolas. Eso explicaría por qué sus versiones de los hechos sólo duran unas horas, ahí tienen ustedes la catarata de no-explicaciones sobre el caso Delcy con que nos obsequió. Ese exceso de confianza probablemente también le haya llevado a descarrilar por completo cuando ha tratado de justificar algo tan injustificable como lo de Otegi. Que en esas circunstancias sólo se te ocurra decir que ser de una banda terrorista es un "asunto personal", como si en lugar de un historial delictivo al de Bildu le hubiesen encontrado una querida, es bastante lamentable, incluso para el nivel de Sánchez y su banda.

En fin, que yo al principio pensé que Ábalos era un poquito más en un entorno en el que todos son bastante menos, pero me equivocaba y reconozco mi error: es sólo otro socialista más del peor PSOE en 80 años y otro ministrillo más del peor Gobierno en cuatro décadas. ¡Qué decepción!

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