García Albiol: bien, pero otra vez mal

Carmelo Jordá

Con la elección de García Albiol el PP se queda, definitivamente, sin el voto de los nacionalistas moderados. La cosa podría ser preocupante si en algún momento hubiese tenido la más remota posibilidad de obtener un solo voto de ese nacionalismo moderado que, entre ustedes y yo, tampoco estoy muy seguro de que exista, así que por ese lado no creo que los populares deban preocuparse mucho.

Es la noticia política de este martes: como ya sabrán, García Albiol será candidato en las próximas elecciones catalanas. La primera parte del análisis tiene que empezar, sin ánimo de ser desagradable, por decir que prácticamente cualquier candidato me parece mejor y con más posibilidades de una Alicia Sánchez-Camarga, perdón Camacho, que lleva siete años demostrando que no es la persona adecuada para una tarea que, eso hay que reconocerlo, es muy difícil.

Sí, ya sé que la todavía presidenta del PPC presume de haber obtenido el mejor resultado de la historia de su partido, pero sin ser mentira eso no es cierto del todo: lo que ha logrado es casi igualar el porcentaje que alcanzó Vidal-Quadras en su día, pero aquel lo hizo con una CiU y un PSC en plena forma, mientras que Sánchez-Camacho lo hizo con ambos partidos, especialmente los socialistas, empeñados en delicados ejercicios de suicidio político.

Volviendo a García Albiol, es innegable que el exalcalde de Badalona tiene un perfil polémico, pero todavía es más incontestable el hecho de que ha sido el único candidato del PPC que obtuvo un buen resultado en las pasadas elecciones -y uno de los pocos en España- y ese punch electoral es lo que más necesita un partido que se enfrenta a una situación desesperada en unas elecciones que podrían llevarle a la irrelevancia absoluta e incluso a la desaparición de la escena parlamentaria en Cataluña, escenario improbable pero no imposible.

Pero ese gancho electoral y ese perfil combativo y sin dudas en determinadas cuestiones esenciales podría desaprovecharse, creo yo, si se limita a pelear con Albert Rivera e intentar recuperar votos a costa de insultar a C's. Ya hemos visto en las elecciones celebradas recientemente –especialmente en las andaluzas y el propio 24M- el esplendoroso fracaso que ha resultado esta audaz táctica.

Sin embargo, lo más relevante de todo esto es constatar cómo, de nuevo, una decisión que puede ser estratégicamente adecuada es tomada de forma lamentablemente chapucera por Rajoy: a cuatro días de las elecciones, sin tiempo para una verdadera campaña ni para construir un perfil del candidato con un cierto control y que vaya más allá de la caricatura que de él van a hacer la mayor parte de los medios, aunque esta inquina periodística no necesariamente tenga que perjudicarle en las urnas.

En fin, que hasta cuando toma decisiones buenas se empeña en hacerlas malas. El maestro de los tiempos, sí, ¡y qué tiempos aquellos!

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