Galicia profunda

Carmelo Jordá

La última ola de ofendidismo nos llega con aires célticos: la "Galicia profunda" entra a formar parte del cada vez más numeroso club de las cosas de las que ya no se puede hablar o términos que más vale no decir.

En este caso el castigo es doble: no sólo se ha ofendido supuestamente a los gallegos sino que una jueza ha osado no entregar su hijo a la madre automáticamente y dárselo al padre. Pecado mortal de machismo habemus, corran a cubierto porque van a empezar a caer chuzos de punta.

Tal y como ha explicado a la perfección Daniel Rodríguez Herrera en Libertad Digital, este nuevo caso de "sentencia escandalosa" es el ejemplo perfecto de las manipulaciones periodísticas que, por desgracia, son tan comunes en estos tiempos y que, como siempre, caen del lado de aquellos que más presumen de integridad y con más aspavientos denuncian las fake news, pero no dejan de producirlas.

Porque, la juez del caso no ha decidido que el padre tenga la custodia provisional del niño porque la madre esté en la Galicia profunda, sino por un cúmulo de razones entre las que probablemente habrán tenido mucho peso una serie de mensajes completamente desquiciados que, de haberlos mandado el hombre en lugar de la mujer, le habrían proporcionado una bonita condena por violencia de género. ¿Piensan que exagero? Pues díganme qué creen que pasaría si cualquier español de sexo masculino le dice cosas como estas a su pareja de sexo femenino:

" ¿Tú no ves que eres tonto perdío?", "HIJO DE PUTA. BUSCA ALGO BUENO. Que cualquier persona encontraría algo bueno en todo lo que hice maldito hijo del diablo. Que estás podrido por dentro", "te van a caer hostias que no vas a ver venir. Y las vas a tener que encajar. La vida no es de puto color de rosas. Espabila R.. Por tu hijo. ESPABILA. Esto es la vida", "TÍTERE. Saca cojones". "Púdrete en el puto infierno. Muérete. Desaparece. Haznos ese favor".

Sin embargo, por suerte o por desgracia estoy tan acostumbrado a la mentira y la manipulación feministas que casi me llama más la atención lo de la "Galicia profunda" y la indignación que escenifican tantos ofendiditos, como si no fuese completamente cierto que una aldea con 300 habitantes a una hora de Santiago de Compostela y hora y media de La Coruña es un sitio menos óptimo para criar un hijo que una ciudad con todos los servicios médicos y educativos. ¿Estamos tontos, nos hemos vuelto locos o simplemente es que ya nos negamos a ver lo obvio?

¿Quiero decir con esto que es imposible criar a un niño feliz en una aldea gallega, extremeña o castellana de 300 habitantes? No, por supuesto, pero no se trata de que algo sea o no factible: se trata de que sea lo mejor entre las distintas opciones que tiene el niño, porque de lo que estamos hablando aquí es de lo que merece el hijo, señores, no de lo que quieran, deseen o merezcan sus padres. Aunque, por cierto, yo tengo una idea bastante clara de lo que merece una madre que se lleva a su hijo de Marbella a Galicia, profunda o no, sin preguntar al padre de la criatura.

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