Cuando el Papa no es un líder moral, ¿en qué queda?

Carmelo Jordá

Escribo estas líneas unas 48 horas después de que el régimen dictatorial de Nicaragua asaltase la sede de la diócesis de Matagalpa y detuviese –casi secuestrase, ya que es todo absolutamente ilegal– al obispo Rolando Álvarez. Lo cierto es que han pasado 48 horas del asalto, pero el tema viene de mucho atrás: hace unos días que la policía había rodeado la sede episcopal, el régimen había hecho públicas sus disparatadas acusaciones contra el prelado y, además, varias radios de la diócesis han sido cerradas en un procedimiento tan totalitario como los que acostumbra la dictadura que dirigen Daniel Ortega y su mujer.

Desde la detención del obispo han reclamado su libertad la ONU, personalidades de toda Iberoamérica o las conferencias episcopales de Cuba, Venezuela, EEUU, España o Italia, entre otras.

Y, finalmente, este domingo, tras el rezo del Ángelus en Roma también ha hablado Francisco I, que ha mostrado una preocupación genérica por "la situación que se ha creado en Nicaragua" y ha pedido "un dialogo abierto y sincero" para "encontrar las bases para una convivencia respetuosa y pacífica". Ni siquiera ha citado al obispo detenido, un ejemplo perfecto de lo que hoy en día se conoce por deeplyconcernearse, es decir, hacer una declaración tan ampulosa como vacía que sólo indica que no vas a mover un dedo por aquello que tan profundamente te preocupa.

papa-francisco-i-bergoglio.jpgEl Papa no pide la liberación del obispo secuestrado por la dictadura en Nicaragua sino "un diálogo abierto y sincero"

Es posible que, tal y como me sugieren algunos amigos, Bergoglio –al que hace semanas que se le pide que se pronuncie sobre el acoso que su Iglesia sufre en Nicaragua– guarde este silencio ominoso porque el Vaticano se mueve con extrema prudencia mientras negocia este tipo de cosas. No lo descarto completamente, pero lo dudo: primero porque ya son semanas de no decir ni pío y el resultado es que el obispo está detenido, la sede episcopal asaltada y las radios cerradas; segundo porque el Papa está muy ocupado compadreando con dictaduras de izquierdas como la de Ortega y su señora, criticando el capitalismo y preocupándose por el futuro de la Pachamama, que es que no a abasto el hombre con tanta causa progre.

El problema de fondo es que el Santo –es un decir– Padre ha renunciado a todo liderazgo moral que no sea sumarse a la corriente de lo políticamente correctísimo y comprar la mercancía de su competencia más directa, que no son ni el islam ni los protestantes, sino las religiones que de verdad están de moda: el izquierdismo y el ecologismo. Bergoglio ha decidido que la Iglesia no tiene que ser un referente por sí misma, una propuesta ética y de vida, sino un club más que se sume a lo que ya defienden partidos, organizaciones, empresas o sindicatos y dicen defender los sátrapas más repugnantes del planeta, por los que él, ay, tiene debilidad.

Es de sobra conocida la anécdota de cuando Stalin preguntó "cuántas divisiones tiene el Papa". Ni entonces ni ahora tenía el Obispo de Roma un ejército, pero cuando un Santo –esté sí– Padre valiente le dijo a los ciudadanos de media Europa que no tuviesen miedo aquella llamada resonó tanto como los sistemas más avanzados de misiles y millones de personas sin miedo se convirtieron en divisiones no del Papa, pero sí de la lucha por la libertad.

No verán algo así en Bergoglio, que renunciando al bien, a la libertad y a la justicia no es que se haya quedado sin divisiones, es que se ha quedado en nada.

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