Covid-19: olvidémonos de la incidencia acumulada de una puñetera vez

Carmelo Jordá

Da la sensación de que hay un interés que no sé si es periodístico o político, valga la redundancia, por decretar el estado de acojone coronavírico de cara a las ya cercanas fiestas navideñas. Lo cierto es que lo de los medios de comunicación no me sorprende lo más mínimo: son los mismos que se revolcaron como gorrinos en el "es sólo una gripe" y que luego han pasado sin sonrojarse al alarmismo más atroz.

De creer a la mayoría de los medios de comunicación españoles de un tiempo a esta parte, todas las variantes han sido prácticamente mortales, los casos de efectos secundarios dramáticos de las vacunas han proliferado y ahora nos enfrentamos a una ola de contagios terrible y muy preocupante. Ninguna de esas cosas es cierta, por supuesto, pero parece que a los políticos les encanta bailar al son que dictan los más alarmistas y, supongo que también por el vicio y el placer de prohibir, casi todos parecen dispuestos a ensartarnos restricciones como si nos mereciésemos un castigo por ir por ahí respirando.

En lugar de tanto chillido y de tanto señalar la incidencia acumulada (IA) como si fuese algo tan maligno como la niña de El exorcista, hay que pararse y analizar la situación de la mano de los que mejor la conocen, como ha hecho mi compañera Sandra León en un excelente reportaje del que caben extraer varias conclusiones:

– que la IA es un indicador que ya no indica nada,

– que la situación es mucho mejor que hace un año,

– que no sabemos nada de ómicron como para alarmarnos y

– que no tiene sentido tomar más medidas que las que ya están en marcha, es decir, uso de mascarillas en interiores y exteriores con muchísima gente, test antes de reuniones con grupos grandes y, básicamente, actuar con un poco de cabeza ahora que ya tenemos la suficiente experiencia con el covid como para tomar decisiones razonables.

Pero desgraciadamente no es eso lo que está ocurriendo, casi nadie está aportando la calma necesaria y lo único que se debate y se impone son ideas o medidas que no tienen el más mínimo sentido: obligar a vacunarse en un país en el que ya se ha vacunado más del 90% de la gente, imponer el pasaporte covid –cuando la inmensa mayoría lo tenemos, controlarlo a la entrada de muchos sitios es muy difícil y, en cambio, falsificarlo es muy fácil–. Nadie se pregunta qué eficacia tienen de verdad las restricciones y seguimos queriendo "aplanar la curva" como si estuviésemos en mayo del 2020; como si la maldita curva de la IA significase lo mismo que significaba entonces.

Basta ya, paren la máquina de crear locura y miedo y díganle la verdad a la gente: que estar infectado no es un drama si no enfermas, que no debe preocuparnos la IA sino la situación en los hospitales y que el coronavirus es ahora una enfermedad más, que por desgracia seguirá matando gente, sí, pero gracias a las vacunas no es una amenaza mortal para la gran mayoría de nosotros, y aún menos para nuestro sistema sanitario. Así que tampoco puede serlo para nuestra economía y nuestra vida social, por mucho que periodistas ávidos de clics y políticos yonquis del control social lo estén deseando.

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