Deuda y latín

Carlos Rodríguez Braun

Raymond Torres, director de coyuntura de Funcas, escribió en El País: "La deuda pública es otra secuela de la crisis".

La situación que exponía de la economía española se ajustaba a la realidad, como también lo hacía su diagnóstico de que la deuda pública a comienzos de este año "representaba prácticamente lo que produce el país en un año, es decir, el triple que en enero del 2007".

Y también parece incuestionable que la deuda pública explotó en esta última década, después de la crisis.

Pero lo que dice el doctor Torres es algo diferente y más relevante que esas obvias constataciones estadísticas. Dice que esa deuda es secuela de la crisis, y secuela en nuestro idioma es "consecuencia o resulta de algo". Y afirmar que el aumento de la deuda pública fue consecuencia de la crisis es un error técnico, que remite a una falacia tan extendida y tan antigua que tiene nombre en latín: post hoc ergo propter hoc.

En efecto, que algo venga después de una cosa no significa necesariamente que haya sido causado por esa cosa.

En economía, y mucho más en economía pública, conviene estar siempre en guardia frente a la tentación de esa falacia. Y no hace falta ser Buchanan para comprender que, ante la crisis, la lógica de la acción pública puede llevar a que, una vez ponderados los costes y beneficios políticos de cada caso, las autoridades prefieran una combinación de más impuestos y más deuda frente a la opción de reducir el gasto. Las autoridades españolas –alegando, como es habitual, que era lo mejor que podían hacer por el país– se inclinaron por la primera alternativa que, efectivamente, condujo a una explosión de la deuda pública. Pero eso no fue secuela de la crisis, sino de otra cosa.

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