Venezuela: cambio o guerra civil

Carlos Alberto Montaner

El domingo se celebrarán las elecciones al Congreso de Venezuela. Son supremamente importantes. De ellas puede surgir una evolución pacífica hacia la normalidad o hasta una guerra civil.

Si los resultados coinciden con las predicciones de casi todas las encuestas, comenzará el fin de ese experimento fallido llamado chavismo.

Tomemos el análisis que hace Credit Suisse. Se trata del boletín de un objetivo banco suizo destinado a sus accionistas. No es un panfleto apasionado escrito por un partido político. Tiene diez páginas de datos estadísticos técnicamente ponderados. No me voy a detener en los detalles, sino en algunas de las afirmaciones a las que llega.

Dado que la mayor parte de las encuestas conceden 30 puntos de ventaja o más a la oposición, dice, textualmente:

Creemos que la oposición puede ganar dos tercios de la Asamblea Nacional. Una victoria de esta magnitud puede impulsar los cambios políticos.

La oposición cuenta con tres escalas de triunfo. La Asamblea Nacional tiene 167 diputados. Con un 54% de los votos puede ganar la mayoría simple, lo que le permitiría hacer ciertos cambios muy limitados. Con un 56,5 llegarían a una mayoría de tres quintos. Esto ampliaría los cambios, mas no de manera decisiva. Pero si obtienen más de 59,2 lograrían los dos tercios que le permitirían efectuar todos los cambios.

Según el Credit Suisse, sobrepasarán ese 59,2 con creces y sacarán más de 112 diputados.

Ante esa situación, ¿qué hará Maduro? Seguramente tratará de cometer un inmenso fraude que le permita mantener el control político del país.

Y ¿qué hará la oposición? Los demócratas de la oposición han montado un sistema de información, mesa por mesa, que les permite tener los resultados reales en tiempo real. Esta vez están dispuestos a no dejarse arrebatar el triunfo.

La hipótesis que manejan es que, si obtienen la victoria arrolladora que prometen las encuestas, Maduro no podrá perpetrar el fraude porque la deslegitimación internacional del régimen será inmediata.

Los expresidentes de América Latina y España, más la OEA, ahora bajo la dirección de Almagro, más la Argentina presidida por Mauricio Macri, protestarán de una manera tal que el chavismo quedará herido de muerte.

Por otra parte, la oposición ha hecho saber al chavismo menos sectario que es posible negociar una suerte de transición pacífica a la democracia, pactada entre la Asamblea Nacional y otros poderes del Estado, para que se cumpla el deseo popular de cambio sin que se produzcan venganzas ni represalias penales.

Ojalá pacten. El país está en una pendiente económica que puede evolucionar hacia una explosiva catástrofe social absolutamente devastadora. La crisis necesita ser afrontada por una clase política capaz de rectificar los disparates cometidos hasta la fecha.

Naturalmente, hay el peligro de que el chavismo decida huir hacia delante, como ha prometido Maduro, para acercarse más al modelo comunista de colectivismo, partido único y más represión.

Si lo hace, si traiciona la voluntad popular, a medio plazo esa conducta criminal puede desembocar en una guerra civil.

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