Todo está en tu mente

Antonio Robles

Este Gobierno de la pandemia pasará a la historia por haber arrasado cualquier conexión entre el mundo de los hechos y el relato que se hace de ellos. Sería redundante volcar su última mentira. E inútil. Viven y nos hacen vivir en una realidad paralela a los hechos, convencidos de que, mientras puedan sostener su propia visión y difundirla con apariencia de verdad y mayoría de medios para imponerla, les seguirán votando.

Ni siquiera les importan los hechos en sí. Hemos comprobado cómo se pueden contrastar sus promesas incumplidas y sus contradicciones obscenas, para evidenciar con estupor que si no hay un sujeto que se haga cargo de ellas no hay mentiras, sólo relatos ideológicos confrontados. La verdad se convierte así en la consecuencia de poder difundir un relato coherente y rechazar los hechos enfrentados como una afrenta. Saben los nuevos profetas de la comunicación que el mundo no es como es, sino como lo vemos. Y cómo lo vemos se puede imponer.

El mago Anthony Blake solía acabar sus espectáculos con esta inquietante sentencia: "Todo lo que has visto ha sido producto de tu imaginación, no le des más vueltas, no tiene sentido". Con este Gobierno, estamos más cerca de ese mundo mágico, de trucos y sugestiones, que de la realidad empírica.

Sexta prórroga del estado de alarma. El pulso histórico por controlar el poder entre la derecha y la izquierda se ha decantado por Pedro Sánchez. Una mezcla tóxica de izquierdas identitarias, populismo y nacionalismo. Y se ha decantado porque Pedro Sánchez ha estado dispuesto a pactar con el mismo diablo si eso le garantizaba el poder. Eso implicaba transgredir todas las líneas rojas, prostituir valores morales y democráticos heredados de la Transición y relativizar comportamientos inconstitucionales y hasta actitudes violentas. Una vez iniciado ese camino, el rechazo moral y político se disuelve y se agranda la legitimidad del lenguaje beligerante contra la soberanía nacional. Es la asunción mental para aceptar lo inaceptable. Una manera de blanquear lo que ayer era inaceptable o vergonzoso. La moral de la vergüenza ha quedado desactivada. Y lo que es peor, ha triunfado el chantaje del suicida. Incluso con Cs. Me explico.

Pedro Sánchez actúa bajo la coartada del secuestrador. O me das lo que quiero o volamos todos por los aires. Este es el estado mental en que nos encontramos hoy en España, un presidente irresponsable que parece estar dispuesto a todo y una oposición de centro y de derecha desubicada, incapaz de jugar al mismo juego. Una vez puesta la amenaza sobre la mesa, el sentido común de los responsables se aviene a negociar… y ceder. La trampa en la que ha caído Cs, pero sin capacidad para revertir la situación.

Esa es la ventaja de Pedro Sánchez sobre la oposición. Y la ejerce cada día con más descaro. La última, repartiendo tinta de calamar y legitimando las acusaciones nacionalistas contra los informes de la GC mediante "la mal llamada policía patriótica".

Contra todo ese mundo nació Cs. Su error al apoyar a este Gobierno va más allá del hecho puntual de una sexta prórroga justificada o no, lo que está haciendo es ayudar a Pedro Sánchez a legitimar su acercamiento a las tesis nacionalistas y populistas, y hacerlas asumibles.

Decía Séneca a propósito de la legitimidad de un comportamiento: "Lo que las leyes no prohíben, puede prohibirlo la honestidad". Porque de eso va la cosa. ¿O es que ya está todo permitido? ¿Incluso para quienes nacieron para evitarlo?

Cs tiene derecho a cambiar de estrategia para diferenciarse del PP y crear la ilusión en el electorado de que son distintos. El problema es que, además de diferenciarse del PP, debería tener militantes y votantes diferentes del PP. Perdida la ocasión histórica de formar mayoría de 180 escaños con el PSOE, entrar a destiempo y mal en las maniobras de Sánchez es, además de un error, una traición a todo cuanto fue.

Déjenme que diga de forma tosca el triste destino de un partido que ya no es: "Cs ha pasado de activista contra la prostitución a convertirse en una puta cualquiera del burdel". Con perdón para las putas.

A continuación