La reforma constitucional del PSOE

Antonio Robles

Cuando se tiene necesidad de recuperar la posición en política, se suelen lanzar propuestas vistosas sin concretarlas ni temporalizarlas ni, mucho menos, dotarlas del presupuesto necesario para llevarlas a cabo. La deriva independentista y la irrupción de Podemos han empujado al PSOE a la ocurrencia de reformar la Constitución. Algo tenían que hacer los progres para que nacionalistas y peronistas no le usurparan la vanguardia ideológica.

Imposible sacarle a Pedro Sánchez qué cambios concretos serían necesarios. Nada bueno augura la modestia… o el miedo. Está bueno el patio como para ponerlo todo patas arriba sin saber cuál es la causa que obliga a la reforma, cuáles los objetivos y qué cambios hay que hacer para alcanzarlos. Sin olvidarnos de los daños colaterales previstos e imprevistos.

Ante estas elementales prevenciones, no deberíamos descartar en Pedro Sánchez mero oportunismo, cobardía o simple recurso a la mentira. Ni estupidez. Es evidente que su propuesta de reforma constitucional no persigue el blindaje de la sociedad del bienestar (tenemos una sociedad del bienestar malherida, pero podremos mejorarla sin necesidad de reforma), ni la regeneración democrática, ni combatir la corrupción, ni cambiar la ley electoral o reformar el Poder Judicial. Todo esto y más se puede solucionar con acuerdos parlamentarios. Ni siquiera la sucesión a la corona es hoy problema, pues hay consenso asegurado para su reforma. La única causa de verdad, la causa real del cisco, es la rebelión del nacionalismo catalán contra el Estado. Aunque no lo admita Pedro Sánchez, aunque lo enmascare y disimule.

Es la rendición ante el chantaje territorial. Engañarse a estas alturas es de idiotas. Los nacionalistas solo se contentarán, si se contentan, sustituyendo la España de los ciudadanos por la confederación de territorios. De lo contrario, nunca apoyarán reforma alguna, con lo cual el remedio será peor que la enfermedad.

El secreto mejor guardo, sin embargo, lo ha desvelado quien lleva el GPS del PSOE, el PSC. Ayer, su secretario general, Miquel Iceta, adelantó las intenciones de la reforma constitucional del PSOE que Pedro Sánchez se niega a desvelar. Nada nuevo, pero la evidencia deja a los ciudadanos españoles huérfanos de una izquierda que defienda su nación y, por ende, sus derechos. Bajo el título de Catalunya 2015. El canvi que necessitem, el nacionalismo camuflado propuso blindar la lengua, la educación y la cultura en favor de la Generalidad; delimitar de forma "precisa" las competencias de la Administración General del Estado y atribuir el resto a las CCAA; transferir el control de la Justicia a las CCAA, aplicar el principio de ordinalidad fiscal en el modelo de financiación autonómica y "reconocer las singularidades propias de las nacionalidades históricas, teniendo en cuenta los hechos diferenciales y los derechos históricos ya reconocidos". Y para rematar invita al Estado a que asuma "una parte de la actual deuda pública de las CCAA".

Con el mismo cinismo aseguró: "La independencia ni la queremos ni nos conviene". Lógico, ¿para qué querrían la independencia si pueden blindar escuela, lengua y cultura y dejar sin derechos reales a la mitad de sus conciudadanos? ¿Para qué querrían la independencia si ya controlarían las últimas instancias judiciales sin que ningún ciudadano catalán pudiera recurrir abuso alguno al Tribunal Supremo o al Defensor del Pueblo de España?

¿Estas son las líneas maestras del PSOE para deformar la Constitución? Con distinta música, pero el mismo compás, Federalistes d’Esquerres ha publicado hoy mismo un manifiesto en la misma dirección federal: Lo que no quieren oír, pero debemos proponer: hacia una España social y federal (por Jordi Gracia, Joan Botella, Victoria Camps, Manuel Cruz, Laura Freixas, Carlos Jiménez Villarejo, Ismael Pitarch, Carme Valls-Llobet).

En tiempo de tribulación, no hacer mudanzas, dicta la prudencia. Si no hay más remedio, habrá que perder complejos y hacerlo en dirección contraria a la que se nos quiere imponer. Por ejemplo, la reforma de UPyD.

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