La insoportable levedad de las convicciones democráticas

Antonio Robles

"Salve, César, los que van a morir te saludan". Esta es la última coreografía teatral de los héroes de la independencia. Ante la amenaza de la Fiscalía de procesar a Artur Mas, un grupo de diputados se han sumado voluntariamente a la imputación. Los que van a seguir trincando del erario público sin riesgo alguno para sus vidas y haciendas quieren emular la rebelión de Fuente Ovejuna. Ellos y el teatro pequeñoburgués.

¡Qué plaga seudodemócrata! No paran ante nada, pervierten valores, palabras, referencias morales, historia... todo. Tienen la seguridad de que no pagarán por ello.

Entre los héroes de salón destaca el socialista del PSC Josep Montilla: "Yo apoyaré a Más si le denuncian; es mi presidente".

¡Qué duro es ser un converso a jornada completa! Día y noche has de demostrar ser más catalanista que el corazón incorrupto de Macià. La levedad intelectual de sus convicciones democráticas es patética. Y su capacidad intelectual, nula. ¿Un presidente no puede ser denunciado? En una democracia, Sr. Montilla, nadie, ni el presidente de Gobierno, está a salvo de las leyes si las viola. La cuestión no es si es presidente, sino si delinque. Pero el remate es aún peor: "Es mi presidente", dice como justificación, sin percibir la coz que le da a la separación de poderes. ¿Fue por eso por lo que nunca denunció el 3% de Jordi Pujol? ¿Se hubiera puesto al lado de Felipe González por el mero hecho de ser su presidente si le hubieran imputado en el caso GAL?

No fue el único, de hecho, a estas horas serán ya docenas. Saben que no les costará nada. Es el caso de los diputados convergentes Josep Rull y Carlos Puigdemont. Publicaron su foto votando: "Señor fiscal, el 9-N voté. Si se querella contra el president Mas, queréllese contra mí también". La rebelión de cartón es la misma, pero la cobardía y la manipulación mayores -pretender esparcir entre la ciudadanía que el fiscal perseguirá a todos cuantos votaron en el 9-N, cuando la Fiscalía ha dejado claro desde el principio que no serán imputados ni voluntarios ni funcionarios- es un intento de violentar a los ciudadanos. Pedagogía del odio. Sucio, muy sucio. Satanizar hasta convertir al Estado en el hombre del saco. ¡Qué insoportable pasividad intelectual ante tan burda manipulación!

Y mientras esta degradación de la inteligencia campa a sus anchas, los teóricos del diálogo no dejan de repetir: "Es la hora de hacer política". Bueno, política, lo que se dice política, es lo único que se ha hecho hasta ahora, de lo contrario hace días que Artur Mas estaría entre rejas.

Y por si faltaba alguno, parió Garzón: "Sería demencial proponer una medida cautelar de suspensión del presidente [Artur Mas]". Sí, me refiero al juez Baltasar Garzón, aquel Robin Hood de la prevaricación, que siempre tuvo como norma adecuar el ordenamiento jurídico a su ideología. Como ahora, que en RAC-1 ha justificado no juzgar a Artur Mas porque sería un "suicidio político" para el Gobierno de Mariano Rajoy, además de ser “el mejor favor a los que avalan el proceso de independencia”. Dicho de otro modo, lo que nos viene a decir Garzón es que las leyes no lo permiten, pero políticamente sería un error aplicarlas. Ese, señor juez, es el camino más corto a la ruina de cualquier Estado, especialmente si es un Estado de Derecho.

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