Hoy, la revolución se llama responsabilidad

Antonio Robles

Pablo Iglesias vuelve a estar en su hábitat natural. Ya sin adversarios que le recuerden hechos y números, sigue en celo populista, como si el periodo electoral no hubiera terminado el 20-D. A sus anchas, en la Cuatro, en La Sexta, promete lo que no tiene con tal de subrayar la insensibilidad social de los adversarios frente a su gran humanidad.

¿Quién le ha investido de ese aura de santidad para creerse mejor que los demás? ¿Por qué supone que el resto de los políticos buscan la ruina del pueblo? ¿Alguien en su sano juicio cree que hay algún responsable político que no busque y desee el mayor bienestar para su pueblo? El problema no es repartir, derrochar, regalar, sino crear riqueza. ¿Tiene él un método infalible? ¡He ahí la cuestión! Si lo tiene que lo diga, y si no, que tome los hábitos y predique en una iglesia.

Vivimos en un Estado Social y Democrático de Derecho que ya tiene mecanismos de progresividad fiscal y garantías jurídicas para que tal riqueza redunde en beneficio de todos, a través de un Estado del Bienestar donde los mínimos sociales estén garantizados. Pero el señor Iglesias lo obvia, como si todo hubiera de ser derruido y levantado a imagen y semejanza de su narcisismo, sin poner sobre la mesa las medidas responsables que garanticen la viabilidad de tan ingente empresa y sus costes de capital. No basta con desear hacer el bien, es necesario disponer de los medios.

El problema no es prometer, sino producir, saber crear riqueza y sostenerla en el tiempo; el problema no es regalar, sino crear oportunidades laborales; el problema no es seducir, sino convencer; el problema no es solo buscar culpables, sino imaginar, proponer y encontrar soluciones realistas; el problema no es ilusionar a los desesperados, es ayudarles a tomar conciencia de las dificultades y ayudarles a superarlas. La revolución hoy, ahora y aquí, es hacerse responsable de los problemas y asumir sus costes. Con honestidad, sin demagogia y sin redentores.

Sus adversarios políticos no supieron, no quisieron o no pudieron desenmascararle en la pasada campaña electoral. ¿Cómo unos leninistas del XIX, remozados de populismo chavista, pudieron irrumpir hace cuatro días con propuestas descabelladas y un año después negarlas, sin que nadie le desenmascarara en la campaña electoral?

Se presentaron en las tribunas mediáticas ufanos y envalentonados de la mano de batasunos y chavistas, dispuestos a no pagar la deuda, salir de Europa y del euro, nacionalizar los bancos, prometer una renta mínima a todos los españoles por el mero hecho de nacer, apoyar a Syriza en Grecia, abogar por su referéndum contra Europa y, a la vez, desentenderse de tal desvarío en cuanto la realidad obligó a Grecia a asumir el disparate. El arte del camaleón. Acostumbrados a vender ideología en las aulas de la Complutense, cuando debían impartir conocimiento, pusieron retórica donde solo reinaba la impostura: "Hay que saber cabalgar las contradicciones", justificaba Pablo Iglesias. Pero predicar el feminismo, defender la libertad sexual y estar a favor de la democracia, casaba poco con recibir subvenciones del Irán islamista, enemigo de los derechos humanos, ejecutor de homosexuales y hostil a la democracia. Por no hablar de las soflamas a favor de Chaves y su peronismo de pacotilla, o de declararse partidario del derecho a decidir con el objeto de convertir a España en un Estado plurinacional donde las regiones más ricas puedan desentenderse de las dificultades de las más desfavorecidas. Todo un ejemplo de igualdad socialista.

¿Cómo es posible que ante tamaña cabalgata nadie le afeara la conducta?

Las consecuencias están a la vista. Su último disfraz es una socialdemocracia inofensiva para enterrar al PSOE. ¿Con estos viejos enemigos de las sociedades abiertas quiere pactar Pedro Sánchez?

El PSC fue el cáncer del PSOE. Ahora Podemos y sus franquicias gallegas, valencianas, vascas y catalanas lo multiplican por cinco. La metástasis es evidente. Cinco grupos parlamentarios. Estado Plurinacional por la puerta de atrás. O el PSOE se enfrenta al populismo sudamericano de Podemos y recupera la socialdemocracia europea, indisolublemente unida al respeto democrático, al liberalismo económico y a la progresividad fiscal, madre de los servicios sociales y precursora de la sociedad del bienestar, o el populismo podemita lo barrerá del mapa. Y con él, a la España constitucional que hoy disfrutamos.

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