Hija del procés

Antonio Robles

Decía hace unos días en TV3 la joven independentista Juliana Canet a propósito del vandalismo, que “la violencia estaba justificadísima” seguida de otras melonadas envueltas en mermelada social. Pero de todas ellas, la que definía con mayor rotundidad su adanismo fue soltar con naturalidad: “parlo com filla del procés”. Fue escalofriante la inconsciencia de la confesión. La apologeta de la violencia está a sueldo de TV3 para representar a la juventud catalana como reclamo.

A esta misma generación de adoctrinados por una “escola nacionalista en llengua i continguts” pertenece Laura Borrás, la delegada de Junts per Catalunya para asuntos internos del fugado en Waterloo. La misma que califica a Pablo Hasél como “otro preso políticos de la (in)justicia española” después de visitarlo en la cárcel y acordar con él “internacionalizar la represión”. La misma diputada que días antes aseguró que “quemar contenedores no era violencia”.

Esta señora encarna a la derecha económica catalana, la representante natural de la burguesía nacionalista. La misma que ha de cabalgar las contradicciones entre apoyar al mundo empresarial diezmado por el procés, la pandemia, y ahora por la violencia, y el vandalismo separatista de la CUP y gente de su calaña, a la que la prensa nacionalista califica de anarquistas europeos para conjurar la mala imagen que vierten los cachorros del procés. No lo tiene fácil, más de 300 entidades empresariales se han amotinado en la antigua Estación de Arco de Triunfo para denunciar la dejadez del gobierno ante la violencia y en apoyo de los mozos de Escuadra. En el manifiesto “Ja n’hi ha prou, centrem-nos en la recuperació” dejan claro que nunca apoyarán un gobierno con la CUP.

Si ERC cede ante la CUP, será el principio de su propia destrucción y la nuestra. Y por eso, hoy jueves, el empresariado catalán ha salido a la calle, porque después de tanta complacencia y cobardía con el procés, le llegó la ruina. Nunca es tarde cuando la dicha es buena, pero habrán de aprender del pasado. No vale inhibirse, y cuando llega el desastre, exhortar al Capitán General de Cataluña de turno, como en 1923 a Miguel Primo de Rivera, para que les garantizase la propiedad, o recibir a Franco como agua de mayo en 1939 después de perderlo todo. Esa élite empresarial que, una vez más, no supo o no quiso ejercer su liderazgo democrático defendiendo la legalidad constitucional española, habrá de conjurarse ahora para defenderla. Sin paños calientes. Y no ponga, como el actual ministro territorial Miquel Iceta, una vela a Dios y otra al diablo. Su actitud complaciente con los golpistas pidiendo su indulto es un error a secas, pero su justificación, pura perversión del lenguaje y una manipulación de la historia a la altura a sus homólogos nacionalistas.

¿Cómo puede comparar el indulto a los secesionistas, con la legalización del Partido Comunista de España en la Transición por Adolfo Suárez. El PCE venía del exilio después de cuarenta años de dictadura, aceptó respetar la legalidad constitucional que le exigió Suárez, y el propio Santiago Carrillo pidió a todos sus militantes que defendieran la bandera española como símbolo de unidad de la nación para que no se apoderara de ella la ultraderecha. ¿Y qué hacen los condenados por secesión hoy? Conspirar y repetir que lo volverán a hacer. Ni respetan la ley ni piensan respetarla. Ni hay reconocimiento del daño causado a la convivencia democrática, ni propósito de enmienda. ¿Se imaginan a los Tejeros encarcelados por el 23-F empeñados en volverlo a repetir y trabajar abiertamente para ello?

Tiene razón Juliana Canet, “no hay violencia porque sí”; demasiados representantes políticos y sociales consienten o colaboran con ella creyendo que, con ello, cotizan al alza sus fines. Graso error. Las últimas palabras del vídeo aquí linkado de la joven independentista Juliana Canet fueron a propósito de la violencia: “no tengo nada que perder”. ¡Ay, pobre incauta consentida!, ¡no sabes cuánto tienes que perder! Lo tienes todo, sólo hay que ver el comedor de tu casa desde el que emites tus videos de influencer. La vida es más cruel que los espasmos consentidos de los hijos del procés. Te recomiendo que veas, Adú.

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