Enigmas de nuestra historia

Antonio Robles

¿Qué llevó al jefe de las SS del partido nazi a viajar a España en busca del Santo Grial? ¿Quién logró frustrar su objetivo? ¿Qué hace creer a multitud de investigadores que la Atlántida existió y que sus restos se hallan sumergidos en algún lugar de la costa española? ¿Podemos afirmar que el origen de las prácticas mafiosas de la Camorra italiana está en una sociedad secreta criminal surgida en España en la Edad Media? Son preguntas gancho que la promoción de la serie de televisión Enigmas de nuestra historia, del canal DMAX.

No tendría mayor interés si el propósito fuera explotar comercialmente una serie más de misterio para mentes proclives a creer cualquier cosa con tal de que sea irracional. Al fin y al cabo, la naturaleza humana tiene una inclinación genética a la superstición que solo el pensamiento racional ha logrado acotar y comprender. No tendría mayor interés, repito, si la serie se limitase a regodearse en el misterio; pero en esta ocasión se pretende introducir la percepción universitaria para barruntar explicaciones sobre el origen de leyendas, mitos y hechos históricos distorsionados o inventados por el pasado. Una tarea interesante y entretenida, sin duda, pero necesaria y saludable en un país donde hasta el lenguaje político se reduce a proclamas crecepelo dirigidas a ciudadanos dispuestos a creerse lo que sea con tal de que le halaguen o le resuelvan la vida sin pedir a cambio garantías de calidad ni daños o perjuicios en caso de estafa.

Quienes el estudio nos ha convertido en agnósticos en cuestiones religiosas y escépticos ante cualquier teoría conspirativa, relato romántico o enigma extraterrestre, mantenemos cierto desdén descortés ante cualquier acontecimiento que no venga avalado por la ciencia. Por eso, una serie como ésta, de salida rechazable, se vuelve atractiva al contar con su mirada. Cuando el antropólogo americano Marvin Harris nos describía desde la antropología hipótesis de tabúes incomprensibles para el hombre del siglo XX acercaba lo irracional a lo explicable. Vacas, cerdos, guerras y brujas: los enigmas de las culturas nos describía la causa, el origen olvidado de por qué judíos y musulmanes no comen carne de cerdo o por qué las vacas son sagradas en la India. Lo que a la luz de Occidente era solo una estupidez religiosa tenía una causa racional y pragmática en el primer caso para evitar las enfermedades de un animal que solía tenerlas endémicas, en el segundo porque eran más rentables para la economía que matarlas. Al menos en el origen temporal del tabú.

La Atlántida, la mesa del rey Salomón, el mapa secreto de Cristóbal Colón son tres de los cinco capítulos que veremos y que buscarán explicaciones alejadas de la superstición ayudados por profesionales de lo arcano con preparación universitaria.

Es saludable que, en ese muladar de supersticiones que constituyen los contenidos de la seudociencia, aparezcan preguntas y respuestas seducidas por la verdad y no por la iluminación. Cada vez que ha caído en mis manos una explicación de cómo se han hecho las grandes pirámides, o cualquier otra obra inconcebible del pasado, es descorazonador comprobar cómo son las explicaciones basadas en civilizaciones extraterrestres más avanzadas las más populares. ¿Por qué es tan difícil caer en la cuenta que si tales obras fueron realizadas o dirigidas por seres tecnológicamente más avanzados que nosotros, no se conservan ni metales ni recursos arquitectónicos en ninguna de ellas? ¿Por qué los únicos materiales empleados y conservados son piedra vulgar y corriente? ¿Tan despistados eran que aún no habían descubierto el acero ni el arco romano?

Esperemos que Enigmas de nuestra historia cribe la paja del trigo, si es que hay trigo en alguna de sus historias.

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