El proyecto de Sánchez para coronarse

Antonio Robles

Si hacemos abstracción de agravios, del dolor fingido, del perdón ausente, de víctimas y asesinos, y de todo el ruido mediático producido por la colada interminable de ETA, lo que aparece nítido es un proyecto frentepopulista auspiciado por Pedro Sánchez y compartido como inversión futura por la izquierda abertzale y el nacionalismo catalán.

Sánchez lo ha dicho claro tras su consagración en el último congreso: "Yolanda Díaz debe impulsar un frente amplio para que el voto de la izquierda no se divida". Lo ha corroborado este jueves Iván Redondo en la entrevista de Onda Cero con Carlos Alsina: "Es imprescindible que Yolanda Díaz crezca para que Pedro Sánchez sea presidente". Eso implica asumir su radicalización.

Resuelta la amenaza de Podemos, necesita todos los votos a su izquierda para conformar su mayoría frente a las mayorías que vengan del centroderecha. Pero no sólo quiere asegurar los votos de ese "frente amplio de izquierdas", su ambición desmesurada y su falta de escrúpulos le llevan a asegurar su mayoría con todos los enemigos de España. Con sangre en las manos o sin ella. En el País Vasco, con los herederos de ETA y, si compra a buen precio al PNV, con la derecha vasca. Y a mal precio, también. Como hasta la fecha. En Cataluña, con ERC como socio preferente, pero sin descartar a los secesionistas de derechas herederos de Pujol. Es decir, un Frente Popular, no solo con la izquierda populista e identitaria, sino con cuanto enemigo de España se le ponga a tiro. Lo sustancial aquí no es la ideología ni el bien común, sino el poder. A costa de lo que sea.

Esa falta de escrúpulos le da una ventaja inicial con la ley electoral actual. El coste y las consecuencias para la nación española son la segunda variable que surge nítida de ese Frente Popular.

Para que tal proyecto frentista asegure su consistencia en el tiempo, ha de contemplarse un plan que contente a esos enemigos de España a corto y medio plazo. Ese proyecto pasa por reformar la Constitución para dar cabida a un referéndum sobre la monarquía y la autodeterminación (si éste no es posible, el anterior puede servirles para llegar al mismo fin), reformular la política territorial de España para convertirla en un Estado plurinacional, y otros cambios estéticos progresistas para envolver el objetivo. El Régimen del 78, como lo califican sus enemigos, sería el objetivo. Junto a la monarquía como aval de la unidad de España. Hoy por hoy, los dos pilares fundamentales de la soberanía nacional junto a la Constitución. La presidencia de la III República no es un sueño imposible.

Los objetivos de Pedro Sánchez no tienen por qué ser compartidos por sus socios de Bildu o los independentistas catalanes. A él le sirven los de éstos para tener mayoría en el Congreso, y a ellos les basta con lograr un Estado plurinacional con competencias exclusivas en educación, justicia, aeropuertos y puertos, interior, etc. que les garanticen la soberanía suficiente para lograr con el tiempo un Estado independiente. Y mientras llega la tierra prometida, medrar y convertir a parte de sus ciudadanos en extranjeros en su país. Ganan todos, menos España. El propio Otegui lo ha detectado y plasmado con cinismo infinito: "Sin Sánchez en el Gobierno…" no tenemos nada que hacer.

PS. No deberíamos olvidar que Pedro Sánchez, para quitarse de encima a Podemos, ha tenido que asumir buena parte de su populismo comunista. Como no deberíamos olvidar la cercanía de Pablo Iglesias al mundo etarra:

Pablo Iglesias: "Sin gente como Otegui no habría paz" (Pamplona, 23 de abril de 2016).

Maite Pagazaurtundúa: "Sin gente como Otegui no nos habrían perseguido ni asesinado" (Madrid, 23 de abril de 2016).

Y los españoles bostezando.

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