¿Comisión de investigación o tapadera?

Antonio Robles

Un día u otro habrá que empezar a analizar la sociedad política catalana con dos herramientas que hasta la fecha pocos nos hemos atrevido a utilizar: la lucha de clases encubierta y la psiquiatría.

Llámenle lucha de clases marxista, quédense si prefieren con los de arriba y los de abajo, como dice Podemos; yo prefiero llamarles amos de la masía, casta, los nuevos caciques.

Llevo 45 años en Cataluña. Desde que trabajaba de albañil para pagarme la universidad hasta hoy he constatado una disfunción social entre las clases dirigentes catalanistas, todas catalanohablantes, y las clases asalariadas, mayoritariamente castellanohablantes, no nacionalistas. Sin distinción entre izquierdas y derechas. Los dirigentes de izquierdas provenían de las clases pudientes del catalanismo político también; sus bases, del mundo obrero de tradición republicana catalana y de la inmigración.

Después de casi tres décadas de autonomía y nacionalismo, se puede decir que quienes han dirigido y dirigen la política, las instituciones, los medios de comunicación, la iglesia, la cultura y han manejado y manejan los presupuestos y la red de influencias económicas y financieras son los descendientes de las clases burguesas franquistas que explotaron a las clases asalariadas llegadas del resto de España en la postguerra. Con una salvedad, hoy las élites catalanistas se han reforzado con los profesionales liberales, los comerciantes medios y, sobre todo, los funcionarios docentes, los institucionales y los periodísticos, cebados con nacionalismo, sueldos seguros y subvenciones. Son estas clases medias y altas catalanistas las que dominan por completo la vida política en Cataluña, la que llama "colonos franquistas" a los inmigrantes y se queja de que España les roba. Nunca antes tuvo tanta cara la clase dominante, vive a cuerpo de rey y llama "explotadores" a quienes han ordeñado durante el franquismo económicamente y humillado culturalmente en la democracia.

Es paradójico, por no decir patético, que las clases dominantes, la casta, los amos de la masía, salgan a la calle para lograr la libertad. Si ellos no son libres, ¿qué son la inmensa cola de trabajadores en paro, abandonados a su suerte y malviviendo en el cinturón industrial de Barcelona sin ningún poder institucional; o peor, secuestrados por los falsos partidos obreros nacionalistas (ICV-EUiA, CUP o PSC)?

En esta farsa en que se ha convertido Cataluña, hay que volver a saber dónde están los amos y los criados, quiénes son los de arriba y los de abajo. El nacionalismo siempre ha tenido ese maldito poder de disolver esas diferencias elementales y cegarnos con falsas emociones. En él siempre pierden los mismos, las clases más humildes.

Si alguien tiene alguna duda, reparen en los momentos clave. El viernes 21 de noviembre se aprobó la lista de personas que habrán de declarar en la comisión de investigación del Parlamento de Cataluña montada a partir del caso Jordi Pujol. Una ristra de nombres interminable que enmascara su comparecencia y diluye sus fechorías. Con una excepción, Artur Mas. Para ello fue necesario que los votos de ERC se sumaran a los de CiU. ERC, siempre ahí, cuando más lo necesitan las clases acomodadas del catalanismo. Hasta Felipe González y Aznar han sido incluidos en la lista, pero no el mesías de la cosa. El caciquismo no puede ser más flagrante. A la hora de la verdad, el nacionalismo les hermana. Ni ideología de izquierdas ni limpieza de la corrupción, nacionalismo en estado puro.

Tanta comparecencia necesita equipos de expertos en fraude fiscal, financiero, evasión de divisas, corrupción institucional, etc., que el único partido interesado, C's, no tiene. ¿O creen que el PPC, el PSC, CiU y la falsa izquierda nacionalista están por la labor? Faena maestra, la comisión de investigación se puede convertir en una tapadera. Al tiempo.

¿Cómo hemos llegado a estar tan ciegos? ¿Cómo los amos de la masía han logrado pasar por libertadores? Pobre clase obrera. Demos paso a la psiquiatría y al psicoanálisis para diseccionar el delirio en el que nos han inmersionado.

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