CiU: ¿la UCD catalana?

Antonio Robles

Del Artur Mas del "Contra el derecho a decidir no hay ni leyes ni Constitución", tras la manifestación de la Diada soberanista, al que, el pasado martes, se decía en contra de cualquier declaración de independencia. En medio, dos brutales bofetadas contra su mesianismo: la pérdida de 12 diputados en las elecciones autonómicas que convocó para lograr una mayoría absoluta plebiscitaria y la última encuesta de El Periódico, donde pierde las elecciones a favor de ERC, además dejarse en la gatera 15 diputados más. De 62 a 35, en nombre del separatismo y en menos de dos años. Veintisiete diputados menos.

A pesar de su pérdida, debería estar eufórico, el separatismo que predica gana terreno: pasa de 87 diputados a 92 en el Parlamento de Cataluña. Aunque me temo que no es el caso. Sus enemigos de pupitre, ERC, le arrebatan la victoria electoral y sus enemigos de clase, ICV- EUiA, aumentan su peso parlamentario.

Deberían estar eufóricos, pero no lo están. Con la encuesta de El Periódico se acabó el patriotismo de país, ahora se trata de reforzar el patriotismo de partido o, si me permiten la frivolidad, de poltrona. Frenazo y marcha atrás: retraso sine die de la consulta; consulta, si la hubiere, sin valor jurídico, y rechazo a una declaración de independencia unilateral. O se paraban o el fantasma de la UCD se podría encarnar en CiU. Y la frenada ha sido de burro.

Pero más allá de las motivaciones personales de Mas por su supervivencia política, o del error que ha llevado a Convergencia a vaciarse en ERC, me interesa el error que ha llevado a CiU ahora y al PSC antes a abandonarse por sistema al discurso más nacionalista. El monocultivo catalanista instalado por CiU y el resto de partidos nacionalistas en plena transición arrastró al PSC hacia ese campo de juego, para evitar que le tildaran de partido sucursalista. En lugar de afirmar su personalidad social y federal dentro de una España sin exclusiones, donde sus bases se reafirmaran en un discurso propio y sin complejos, se diluyeron en el catalanismo, primero, y en el nacionalismo, después. Con el paso del tiempo, el terreno de juego marcado por el nacionalismo (desde la escuela a TV3 y el asociacionismo subvencionado) convirtió a sus propios hijos y futuros electores en sus enemigos de clase. Con la progresiva desaparición física de la generación obrera de origen castellanohablante, y sin recambio por haber entregado sus electores naturales a la educación sentimental nacionalista, se desmoronan en cada cita electoral y se acentúan sus contradicciones internas entre socialistas acomplejados e independentistas sin complejos: 38 diputados han perdido desde las elecciones de 1999, si contamos esta última encuesta de El Periódico.

Idéntico error está cometiendo CiU. Envalentonados por el independentismo de ERC y la demostración de fuerza de la manifestación soberanista del 11 de septiembre del 2011, Oriol Pujol y Francesc Homs convencieron a Artur Mas. O se subían a la ola soberanista o ésta les pasaría por encima. Se habían creído su propia propaganda. Hacía tiempo que habían convertido TV3 en un publirreportaje independentista, el hábitat natural de ERC. Así, entregaron su electorado a las ensoñaciones de una Cataluña rica y plena, libre al fin de la España del expolio fiscal y los ademanes fachas. Una ridícula pantomima de sí mismos. Y se lo creyeron.

Ahora, con la cruda realidad del artículo 1.2 de la Constitución frente a la ficción, ERC vive su momento de gloria. CiU se acaba de dar cuenta, ha estado alimentando a sus enemigos de clase. Tonto útil de Esquerra, como tonto útil ha sido y es el PSC de los partidarios de romper España. Ya no hay marcha atrás, la derecha peronista y laica de ERC no tiene nada que perder, y la derecha católica de CiU, todo. Demasiado tarde para rectificar, el veneno contra la idea de España ha infectado el corazón de sus votantes más jóvenes. ¡Y ERC está tan a mano, y marca la ruta a Ítaca con tanta falta de respeto a España…!

Se han equivocado de espacio, ahora también han de rectificar internamente. Se acabó el tiempo de la equidistancia, PSC y CiU ya no pueden servir a Dios y al diablo. Parece que así lo ha entendido Pere Navarro hoy mismo en el Foro Europa. En una declaración sin precedentes, ha dicho que hay que acabar con los conciertos vasco y navarro, a los que considera un privilegio. Parece que ya no pueden resistir la presión de C’s y UPyD. Uno y otro nacieron con esa convicción, y con ella y otras muchas que olvidó el partido socialista crecen exponencialmente.

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