Una nación descoyuntada

Amando de Miguel

Convengamos en que la "España contemporánea" comprende, aproximadamente, el último siglo y medio, unas cinco generaciones, si admitimos el criterio del lapso generacional de unos 30 años. Son los años que separan la edad de los padres y la de los hijos.

La constante espectacular de la política española del periodo considerado es el enfrentamiento (a veces, violento) entre las derechas y las izquierdas, se llamen como se llamen. En las dos primeras generaciones, las derechas comprendían las varias versiones del conservadurismo, incluidos los regionalismos (vascos y catalanes) y las secuelas del carlismo. En las tres últimas generaciones, los dos bandos se hallan mejor definidos: las derechas frente a las izquierdas. Este último bloque comprende los comunistas, socialistas e independentistas (sobre todo, vascos y catalanes). Lo característico de ese conglomerado es el silencio o el desprecio con que tratan a los símbolos de España: la bandera o el himno. Tanto es, así, que los dos sujetos del enfrentamiento ideológico podrían etiquetarse, ahora, como los "españistas" frente a los "hispanóbos". Si se quiere, son dos formas de nacionalismo, que, solo, pueden darse en España.

Aunque pueda parecer extraño, en la España actual, son hegemónicos los "hispanófobos", no solo porque gobiernan en España o en algunas regiones, sino porque dominan la cultura. Entiéndase esa palabra en su más amplio sentido. Nótese la hegemonía izquierdista o "hispanófoba" por el siguiente hecho de la última generación. Cuando gobierna el Partido Popular (el grupo más destacado de las derechas), se pliega a los cambios introducidos, antes, por el PSOE (el representante más caracterizado de las izquierdas).

La situación de eventual minoría de las derechas se debe a su complejo de inferioridad frente a la hegemonía de las izquierdas. En los últimos años, se ha intentado reconstituir el equilibrio con la aparición de Vox. Es el tercer partido de las Cortes por número de votos y se opone a la "hispanofobia" de forma más tajante. Lo interesante es que los dirigentes nacionales del PP desprecian a Vox (por celos) y los "hispanófobos" lo odian (por temor). La imposible solución al enigma es que los del PP necesitan a Vox como aliado; es la única opción para formar un bloque potente de "españismo". Más peliagudo, aún, es que los "hispanófobos" renuncien a sus fobias; es inútil, son parte de su constitución anímica. Por si fuera poco, escasa fortuna puede tener un bloque de izquierdas con los "independentistas" o secesionistas dentro. Se trata de una alianza autodestructiva.

Tal es el rompecabezas último, que la síntesis española es una nación descoyuntada, en la cual no se termina por levantar un Estado como Dios manda.

Vaya este párrafo a modo de rectificación de algunos artículos anteriores. Se conoce que, como soy de Letras, patino un poco en mis apreciaciones sobre la naturaleza de las cosas. Menos mal que, entre mis lectores, los hay de Ciencias y me ayudan a modificar ciertos desvíos. Por ejemplo, José Antonio Martínez Pons, eminente científico, me señala que el contacto de la lava del volcán con el agua del mar no puede producir nuevos "elementos". Ese proceso se elabora en el movimiento de las galaxias. Bien, yo manejaba "elementos" en su acepción vulgar. José Luis de Miguel (destacado arquitecto, experto en sismos) me demuestra lo burro que soy al argüir que muchas casas de la Palma se han edificado en la ladera del volcán. No me percaté de que toda la isla es, realmente, la ladera del volcán. Así pues, si se edifica, no puede hacerse más que en las proximidades del volcán, que, además, presenta varios cráteres.

Jesús García Castrillo me corrige mi ligera apreciación en otro artículo. "Los bisexuales sí pueden dejar descendencia". Tiene razón "el abuelo Chus" ¡Cuánto aprendo de mis lectores!

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