Una extravagante independencia

Amando de Miguel

Los españoles que suelen utilizar el intelecto llevaban meses haciendo cábalas sobre lo que iba a ocurrir en la fecha emblemática del 1º de octubre, en su día la fiesta del Caudillo. Se trataba de anticipar un acontecimiento histórico: si en Cataluña iba a celebrarse (curioso verbo) un referéndum de secesión o si el Gobierno de la Generalidad iba a proclamar la República Catalana. Los voceros del Gobierno de España sostenían, con abrumadora insistencia, que ninguno de los dos vaticinios podía suceder porque no eran legales. Donosa argumentación de juristas de inmerecido prestigio. Según la cual, por ejemplo, no tendría que existir la delincuencia. Era más sensato el razonamiento de la tradición popular: no habrá referéndum ni independencia porque no puede ser y además es imposible.

Llegado el día de autos, sucedió lo imprevisible. Se acaba de representar una especie de ensayo general con todo de la verdadera independencia de Cataluña, que está por llegar, aunque haya salido de cuentas. Se organizó para las televisiones un simulacro de referéndum, que más parecía un plebiscito callejero, y que resultó un histórico pucherazo. Se presentó a los atentos televidentes de toda España y parte del extranjero como un ingenioso artificio de democracia populista. En este enredo ha sido lamentable la conducta de los Mozos y Mozas de Escuadra. Para todo ello se había escenificado un golpe de Estado a la catalana, entre festivo y ridículo. Contaba mucho la tradición teatral catalana, pero de teatro de aficionados. Se preparaba así al público para el alarde final de la farsa: la declaración de independencia de Cataluña. Más que declaración, iba a ser una declamación. El Gobierno de la Generalidad de Cataluña no tiene más remedio que interpretar ese papel.

De momento, el anunciado y prohibido referéndum ha sido la gran farsa. La lógica consecuencia de constituir inmediatamente la República Catalana en los próximos días añadirá un punto de mayor enredo. Mas no hará falta llegar a representar un teatro del absurdo. Si bien se mira, desde hace algún tiempo el Gobierno catalán se ha venido comportando como si Cataluña ya fuera independiente. La prueba es que los Gobiernos españoles no han conseguido que en Cataluña se cumpliera el mandato de que la lengua castellana funcionara como el idioma oficial de España. Pero entonces, ¿a qué santo viene todo este tole tole? Muy sencillo. A que el Gobierno de Cataluña no quiere separarse de España sin más. Aspira a algo que se está trabajando desde hace tiempo: una independencia privilegiada, subvencionada. Ese es el fundamento del famoso proceso independentista. Lo ha puesto en marcha una camada de políticos nacionalistas que temen ser realmente procesados por la Justicia española. No son tan intrépidos como para pasar por la cárcel, un airoso gesto que han desplegado muchos dirigentes de partidos que han conseguido la independencia de sus respectivos países. Estos republicanos catalanes son tan cobardes y ridículos como los burgueses de La kermés heroica.

Por tanto, va de suyo que los burgueses antisistema van a forzar la declamación de la República Catalana para que sigan mandando los mismos durante otra generación. No les mueve el amor a Cataluña, sino el odio a España. El famoso "diálogo" consistirá en lograr el estatuto privilegiado de una Cataluña subvencionada por todos los demás españoles. Son los que dicen que les han estado robando durante años y aun siglos. Se trataría de conseguir una pragmática compensación.

Todo lo anterior son solo opiniones libérrimas. Pero hay algo objetivo, indiscutible y a la vez penoso: Cataluña es ahora, por mor de los independentistas, una sociedad resquebrajada y resentida. El coste va a ser una pirámide de sufrimiento para muchos españoles. Todo lo demás son romances, que dicen en catalán.

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