Un eslogan harto confuso

Amando de Miguel

Me quedé patidifuso al ver por la tele uno de los episodios de la convención semoviente del PP. Sobre una pantalla azul, con grandes letras, figuraba una sola palabra: "Creemos." Por un momento, pensé que se trataba de la convención de los Testigos de Jehová. Supongo que algún experto en plástica electoral había intentado condensar una frase de Pablo Casado: "En el PP, creemos en España". Al experto, le pareció una frase muy larga para un eslogan. O, quizá, pensó que la voz "España" no era, "políticamente, correcta", según la izquierda hegemónica. O puede, incluso, que pensara que la oración completa sería más propia de Santiago Abascal. Así, que, ante tantas dudas, quedó el ininteligible "Creemos."

Al parecer, nadie cayó en la cuenta de la anfibología del verbo "creer". Puede significar la acción de tomar como cierta una cosa, previamente, comunicada; en síntesis, tener fe en ella. (En inglés, to believe). O, también, puede querer decir que una cosa es aceptable. (En inglés, to think). En ambos supuestos, hay que especificar "la cosa" en la que se tiene fe o sobre la que se opina. De lo contrario, la simple acción de "creer" carece de sentido.

Quizá, lo de "España" sea demasiado abstracto para un lema político, que pretende entrar por los ojos o por los oídos. Pero, en ese caso, habrían quedado muy bien con esta formulación: "Creemos en el pueblo español". No es mucho pedir para un partido de derechas, que se apellida "popular". O, también "Creemos que la izquierda es corrupta". No obstante, comprendo el peligro de que, en esos casos, el público asociara al PP con Vox. Sería como mentar la soga en casa del ahorcado. Todo el mundo sabe que Pablo Casado no puede ver a Santiago Abascal, ni en pintura. Qué malos son los celos.

Puestos a buscar la diferencia específica del PP, respecto a Vox o al PSOE, encuentro varias opciones que podrían haber manejado los populares para su eslogan. Se me ocurren estos ejemplos: "Creemos en la libertad", "en la moderación" o "en la democracia auténtica", entre otros valores. O, en el otro sentido del verbo: "Creemos que es la hora del verdadero cambio" o "de la alternancia del Gobierno". La idea subyacente a cualquiera de estos lemas es que "los del PP no somos como la conjunción destructiva de socialistas, comunistas e independentistas". O, también, "lo nuestro es el equilibrio del centro, no los extremos".

En el acto preelectoral, que digo, sucedió algo tan previsto como significativo. La presidenta de Madrid, Ayuso, (uno de los "barones" regionales del PP) habló para el público y subrayó que "su puesto estaba en Madrid". Al llegar a ese punto, bajo la cabeza, su mirada dejó de dirigirse a la cámara de televisión. Le traicionó el subconsciente. Vale una imagen más que mil palabras. Estaba claro que lo dicho, una obviedad, no era lo que pensaba. Los asistentes, y detrás todos los oyentes y espectadores, conocen bien el silogismo: 1) El PP, solo, podrá gobernar sumando los votos de Vox. 2) La "baronesa" Ayuso es uno de los pocos dirigentes del PP que puede entenderse con Vox. 3) El PP acabará por nombrar candidato del PP a la señora Ayuso. Naturalmente, el silogismo no se puede mencionar, pero, planea en el ambiente. El cual sigue presidiendo por la sinsorgada del "Creemos.". Me intriga lo del punto añadido a la palabra mágica. No sé interpretarlo.

Para redondear la confusión, Pablo Casado dijo (o mejor, gritó) que "el PP es un partido de centro". Todos lo entendimos. Se trata de un partido de derechas, que da por buenas, en la práctica, las reformas izquierdistas del Gobierno tripartito o triangular. La consecuencia es que él mismo, al definirse de centro, da pie a que se organice a su vera otro partido, que sea la "voz" de la derecha.

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