¡Pues que se independicen de una vez!

Amando de Miguel

La exclamación, tan oída últimamente, admite el añadido de algún taco, según los usos del hablante y su grado de cabreo. La emiten millones de españoles en estos confusos días, ahítos de los desplantes que tanto gustan a los separatistas catalanes. Lo malo es que con ellos suelen abrir todos los medios informativos españoles. Es algo que empieza a cansar.

Una vez que fuera proclamada la Republiqueta Catalana, al menos nos dejarían de incordiar los gerifaltes nacionalistas del Principado catalán. Claro que enseguida toparían con nuevos problemas. No es el menor encontrar un presidente de la Republiqueta que fuera aceptado por toda la población de Cataluña y no se vinculara a un partido, una ideología.

Otra dificultad insuperable es cómo satisfacer los deseos de la mitad de los habitantes de Cataluña que se consideran españoles. En la Europa del último siglo hemos visto el nacimiento de nuevos Estados (Irlanda, Noruega, Eslovaquia, etc.). Lo normal fue que en esos casos más del 95% de las respectivas poblaciones se mostraran a favor de la independencia. Pero en el supuesto catalán nos encontramos en el fiel del 50% a favor o en contra de la secesión. Tendría gracia que surgiera entonces un partido españolista en Cataluña, que pudiera incluso llegar a gobernar.

No menos divertido es el futurible de qué hacer con los cientos de miles de catalanes, nacidos en el Principado, que residen fuera de sus fronteras. ¿Podrían obtener la nacionalidad catalana? ¿Se podría dar también esa opción a los españoles que cuentan con algún apellido catalán? Sin ir más lejos, uno de mis apellidos es Junquera.

Más jocundos supuestos. No está claro si, de entrada, la Republiqueta de Cataluña seguiría en el euro y en la Unión Europea. ¿Sería posible volver a la peseta? Después de todo, esa moneda fue un genial invento de un eximio catalán, Laureano Figuerola. Ya se sabe, lo que no son pesetas, son puñetas.

Tampoco aparece muy clara la cuestión del irredentismo, que suele acompañar a ciertos nacionalismos. ¿Se reclamaría la reunión de los países catalanes bajo la bandera estrellada de la gran Cataluña independiente? ¿Incluiría a los habitantes de la franja aragonesa? ¿Y a los de Andorra?

Así pues, no parece muy clara la solución de la famosa desconexión. Con la proclamación de la Republiqueta de Cataluña, los problemas no habrían hecho más que empezar. Bien es verdad que el resto de los españoles nos libraríamos del continuo rollo sobre la independencia de Cataluña y el "diálogo" correspondiente.

En síntesis, el llamado problema catalán no parece tener solución. Es de esos asuntos en los que todos los participantes van a salir perdiendo. Ortega y Gasset decía que habría que conllevarlo. Y eso que entonces los dirigentes nacionalistas no sabían lo que era robar. Dichosa edad y siglos dichosos aquellos, etc.

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